Con más del 30% de su población menor de 25 años, México enfrenta una situación preocupante en materia de políticas culturales para su juventud. La falta de estrategias sólidas y sostenidas se manifiesta en la reducción de recursos destinados a actividades culturales y en el abandono de centros comunitarios, mientras la infancia queda reducida a meras estadísticas y discursos sin contenido.
Contrastes regionales en el acceso cultural
El estado de Sinaloa muestra claramente esta problemática, donde pese a contar con una rica herencia cultural y una población joven dinámica, prevalece un escenario de desigualdad. Aunque existen destacados ejemplos como orquestas juveniles, talleres independientes y cine comunitario, la mayoría de estos proyectos subsisten gracias al esfuerzo ciudadano más que al apoyo gubernamental.
Espacios culturales para todos y en todos lados
«Los espacios culturales no deben ser un privilegio reservado para élites o zonas turísticas; deben existir en cada barrio, en cada comunidad rural», señala el texto original. La importancia de estos espacios queda en evidencia cuando una niña accede a una biblioteca o cuando un joven puede expresarse libremente en un escenario o plasmar su historia a través del arte urbano, acciones que contribuyen a la construcción de tejido social.
De la romantización a la responsabilidad institucional
El artículo hace un llamado a dejar atrás la visión de la cultura como un elemento decorativo y asumirla como un derecho humano fundamental. «Es tiempo de dejar de romantizar la cultura como adorno y asumirla como un derecho», se afirma en la nota. Mientras persista esta situación, el país seguirá formando nuevas generaciones en condiciones de carencia, en lugar de fomentar su creatividad e inteligencia crítica.
