Descubriendo la ciencia en el corazón de Tepito
En medio del bullicio del barrio de Tepito, un grupo de niños y niñas de entre cinco y once años se reúne en el Foro Cultural Martes de Arte para participar en talleres científicos. Bajo la guía de Angelina Vázquez, ingeniera en biotecnología, los pequeños exploran conceptos como los seres vivos, los microorganismos y las leyes de la física. El experimento del día consiste en observar cómo la levadura, al consumir azúcar, produce dióxido de carbono que infla un globo sin intervención humana.
La emoción es evidente cuando uno de los globos explota, provocando risas entre los asistentes. Angelina aprovecha el momento para explicar el proceso y repartir pan de dulce como ejemplo tangible de cómo la levadura se usa en la vida cotidiana. El taller concluye con la observación de muestras de levadura bajo el microscopio.
Un proyecto que rompe barreras sociales
Fundado en 2022, el proyecto Puentes de 100cia nace con el objetivo de democratizar el acceso al conocimiento científico en comunidades marginadas. Angelina Vázquez, creadora de la iniciativa, reconoce que la brecha educativa es evidente: «El conocimiento no es para todos. Se nota mucho la brecha… Por ejemplo, mi mamá no sabía qué era la biotecnología».
La ingeniera encontró inspiración en el trabajo comunitario del zapatero Luis Arévalo Venegas, quien promueve la cultura local. Tras identificar el potencial del barrio, estableció alianzas con espacios culturales como la Casa de las Mercedes y el Foro Cultural Martes de Arte, donde ahora se imparten talleres semanales.
La ciencia como parte de la vida diaria
Los talleres se diseñan para que los participantes comprendan cómo la ciencia está presente en su entorno. En un ejercicio reciente, los niños construyeron aviones con piezas de LEGO para entender el Principio de Bernoulli, que explica cómo los aviones logran volar. «Nosotros nos adentramos en el espacio de los niños», asegura Angelina, destacando la flexibilidad del programa.
Para muchos de los asistentes, estos talleres representan su primer acercamiento al mundo científico. Algunos, como Dereck Mendoza, de once años, han convertido estos encuentros en parte de su rutina: «Mi amigo me convenció porque desde un inicio, yo quería aprender y ver más cosas».
Uniendo esfuerzos para fortalecer la comunidad
El éxito del proyecto radica en la colaboración de voluntarios y donaciones. Gracias a redes sociales, personas como Alfonso Garay se han sumado con recursos educativos. Además, la obtención de fondos a través de GoFundMe y el apoyo del programa «Colectividades culturales comunitarias» han permitido garantizar la continuidad de los talleres hasta septiembre de 2025.
Angelina celebra que los talleres no solo educan, sino que también fomentan la integración comunitaria. «Cuando hay sonideros, durante alguna posada, cumpleaños o festejo, a mí me hacen sentir en comunidad y creo que eso es algo muy difícil de encontrar en la Ciudad de México».
