A sus 80 años, Rosalino Ortiz se erige como una figura emblemática del periodismo en la región del Soconusco, reconocido por su trayectoria de más de medio siglo dedicado al oficio comunicativo, la cultura y el servicio institucional. Nacido el 6 de octubre de 1946 en Tuxtla Chico, Chiapas, su formación profesional no pasó por aulas universitarias, sino por la práctica cotidiana en redacciones, talleres de imprenta y el trabajo de campo, donde forjó su estilo periodístico.
Una carrera marcada por el deporte y la información
Su ingreso al periódico El Sol del Soconusco en 1973, bajo la dirección de Carlos Correa Leo, marcó el inicio de una etapa fundamental en el periodismo tapachulteco. Pronto se destacó como pionero en la cobertura deportiva al convertirse en corresponsal del diario ESTO entre 1974 y 1990, donde recorrió canchas con libreta, cámara y máquina de escribir, transmitiendo no solo los resultados, sino también el espíritu de los atletas locales. Paralelamente, colaboró con Diario del Sur desde 1976 hasta 1984, consolidándose como un reportero riguroso y comprometido con la veracidad.
Entre 1985 y 1986 asumió la dirección de Correo del Sur, y posteriormente extendió su influencia en medios como El Orbe (1987-1990), Uno Más Dos (1990-1993) e Impulso Político (1993-1998), dejando una huella imborrable en el análisis político y social de la zona fronteriza.
Del periodismo al servicio público
Rosalino Ortiz también desempeñó funciones clave en comunicación institucional, especialmente durante su estancia de 20 años como coordinador de Comunicación Social en la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Tapachula (1996-2016), fortaleciendo la relación entre la institución y la comunidad local.
Además, se desempeñó como jefe de redacción de Gráfico Sur entre 2005 y 2013, donde influyó en el desarrollo de nuevas generaciones de periodistas, promoviendo el rigor ético y profesional en el ejercicio del periodismo.
Escritor, formador y guardián de la memoria regional
Ortiz es autor de obras fundamentales para la memoria histórica del Soconusco, como El campo en los sesentas (1996) y Justino y sus andanzas periodísticas (2000), textos que han trascendido como referentes de la literatura testimonial chiapaneca. Su interés por la educación lo llevó a participar en la fundación de la Escuela Normal de Educación Física y en diversas agrupaciones periodísticas, entre ellas APYRCCH y el Grupo de Periodistas Nueva Era.
Desde su residencia en San José El Edén, Tapachula, su legado perdura como el de un comunicador íntegro, apasionado y profundamente ligado a su tierra. Su vida ejemplifica un compromiso inquebrantable con la información y la identidad regional.
“El periodismo no se estudia: se vive”, solía decir Rosalino Ortiz, y su vida es la prueba más contundente de esa frase.
