El ascenso de Zohran Mamdani, un socialista democrático, inmigrante y musulmán, como favorito en la carrera por la alcaldía de Nueva York ha generado inquietud entre las cúpulas políticas y económicas del país. A solo tres semanas de los comicios, el panorama electoral muestra una profunda división entre el respaldo popular del candidato y la oposición de sectores poderosos que ven con temor la posibilidad de que la ciudad más influyente de Estados Unidos, conocida como la capital del capital, pase a manos de un progresista.
Un triunfo inesperado en la primaria
Mamdani, a pesar del rechazo de las élites demócratas locales y nacionales, logró imponerse en la elección primaria del partido frente a Andrew Cuomo, exgobernador y figura emblemática de la aristocracia demócrata, respaldado incluso por el presidente. Este revés obligó a los círculos empresariales a reaccionar: con el retiro del actual alcalde Eric Adams, cuya imagen está afectada por investigaciones por corrupción, Cuomo reapareció como candidato independiente con el apoyo de multimillonarios y sectores financieros.
Aunque el exgobernador recuperó terreno en las encuestas, acercándose casi 10 puntos, Mamdani mantiene una ventaja de entre 13 y 15 puntos, respaldado por una movilización masiva de cerca de 70 mil voluntarios, según su campaña, frente a los millones de dólares invertidos en la campaña de Cuomo.
Apoyo de líderes progresistas y rechazo de la vieja guardia
El perfil nacional de la contienda se ha acentuado. Mientras Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez han aparecido públicamente junto a Mamdani, líderes clave del Partido Demócrata como Chuck Schumer y Hakeem Jeffries se han negado a respaldarlo. Barack Obama sí lo contactó tras su victoria en la primaria, y otros sectores del partido han mostrado simpatía, aunque el candidato ha sido enfático: su inspiración es Sanders, el senador socialista democrático y ex precandidato presidencial.
«Esta ciudad no está a la venta», repite Mamdani
como eje central de su campaña, enfocada en transformar Nueva York en una urbe accesible para todos, no solo para los ricos.
Coalición diversa y estrategias de desprestigio
La base de apoyo de Mamdani es amplia y heterogénea: incluye a jóvenes judíos, comunidades latinas, caribeñas, migrantes de Asia del Sur y de África. Su origen —nacido en Uganda, hijo del académico Mahmood Mamdani y la cineasta Mira Nair— lo conecta profundamente con los múltiples mundos que conforman la ciudad. Organizaciones como Democratic Socialists of America y el Working Families Party lo respaldan, al igual que figuras como Brad Lander, contralor de la ciudad.
Cuomo ha intentado desacreditar a Mamdani vinculándolo con el activismo pro palestino, llegando a insinuar antisemitismo, estrategia que ha fracasado ante el respaldo explícito de sectores judíos progresistas. Mamdani ha sido claro:
«si es electo, arrestaría a Benjamin Netanyahu si llega de visita a esta ciudad», y ha sido claro en su condena al genocidio
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Propuestas que alarman a las élites
Sus propuestas —congelar rentas de viviendas reguladas, aumentar impuestos a los más ricos para financiar prekínder, subsidiar a estudiantes sin hogar, hacer gratuito el transporte público y crear mercados de productos básicos a precios bajos— son consideradas moderadas en otros contextos, pero generan alarma entre las élites neoyorquinas.
Argumentos que cuestionan su experiencia o califican sus ideas como «irrealizables» no han tenido el impacto esperado. Por el contrario, su figura ha cobrado relevancia nacional, apareciendo en programas como The View, donde respondió a acusaciones de ser «comunista»:
«no es cierto, soy un socialista democrático. Eso quiere decir que creo en la dignidad para todos», y citó al reverendo Martin Luther King sobre que el socialismo democrático en esencia es promover una mejor distribución de la riqueza para todos en este país
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Un símbolo de una nueva generación política
Analistas señalan que Mamdani no es una figura aislada, sino parte de una ola de políticos progresistas que busca revitalizar un Partido Demócrata en crisis. Su éxito, combinado con la atención mediática y el respaldo juvenil, lo convierte en una amenaza real para el orden establecido. Aunque los últimos tres semanas pueden deparar sorpresas, el miedo entre las cúpulas ya es palpable: la posibilidad de que la capital financiera del mundo cambie de rumbo político no es una hipótesis remota, sino una realidad en construcción.
