Este domingo, Bolivia cerró sus urnas tras una jornada electoral desarrollada sin incidentes reportados, según informó el Tribunal Supremo Electoral. Las mesas comenzaron a funcionar a tiempo y el proceso avanzó con normalidad, lo que permitirá agilizar el conteo y la emisión de resultados preliminares mediante el Sistema de Resultados Preliminares (Sirepre).
El fin de un ciclo político
Por primera vez en veinte años, el Movimiento al Socialismo (MAS) no participa en la segunda vuelta presidencial. El partido que llevó a Evo Morales al poder en 2005 quedó fuera de la contienda tras una profunda crisis interna, el desgaste económico y una desconexión creciente con su base social. La ruptura entre Morales y el presidente Luis Arce, sumada a la falta de renovación del discurso, precipitó el declive del partido.
En la primera vuelta, celebrada en agosto, las opciones de derecha y centroderecha acumularon el 78 por ciento del respaldo electoral. El MAS, bajo la conducción de Arce, apenas superó el tres por ciento y perdió toda representación en el Congreso.
Una nueva realidad social
El cambio en la estructura social boliviana también contribuyó al desplome del MAS. Muchos indígenas que formaron la columna vertebral del proyecto moradista hoy pertenecen a la clase media o alta y ya no se identifican con una narrativa de lucha. La escritora Quya Reyna señaló:
¿Qué dejó el MAS? Al indio con capital. Gente que puede disfrutar de la distribución de una riqueza que antes sólo era para las élites. Hablo por ejemplo de indios importadores que gracias al dólar barato viajan a China como si fuesen a una provincia más de Bolivia. Esos indígenas ya no se adscriben a una lucha de izquierda
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Álvaro García Linera, exvicepresidente del país, afirmó:
Estamos en el crepúsculo de un proyecto político. Porque el proyecto del MAS y su liderazgo indígena no tienen propuestas para afrontar la nueva realidad que, en parte, ha sido producida por ellos mismos
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La crisis que quebró el modelo
La economía boliviana entró en una profunda recesión tras agotar sus reservas de gas por corrupción, ineficiencia y falta de exploración. Sin dólares en el banco central, el peso se depreció, la inflación superó el 25 por ciento y las importaciones colapsaron, generando largas filas para cargar combustible en las ciudades.
La administración de Arce, quien fue ministro de Economía durante los años de mayor crecimiento del MAS, no logró detener el deterioro. Su enfoque confrontativo y la ausencia de una estrategia clara agravaron la fractura interna del partido, que no supo transitar del liderazgo carismático de Morales hacia una conducción institucional sólida.
El balotaje entre dos fuerzas no tradicionales
Tras retirar su apoyo a Andrónico Rodríguez, candidato que él mismo impulsó, Morales llamó al voto nulo, logrando concentrar cerca de un millón de sufragios en blanco en la primera vuelta. Así, la segunda vuelta quedó definida entre Jorge “Tuto” Quiroga, exmandatario de línea derechista, y Rodrigo Paz, representante del centroderecha que sorprendió en los comicios iniciales.
Quiroga lidera los sondeos con más del 44 por ciento de intención de voto, seguido por Paz con 36.5 por ciento. El primero propone levantar las restricciones a las exportaciones agropecuarias y captar 12 mil millones de dólares de organismos internacionales. El segundo aboga por utilizar los tres mil 500 millones ya aprobados por la Asamblea y recortar el gasto público.
Esta elección marca la primera aplicación del mecanismo de segunda vuelta establecido en la Constitución de 2009. Con el MAS fuera de la carrera, Bolivia redefine su rumbo político, donde la clase social ha reemplazado al origen étnico como eje de la decisión electoral. La identidad indígena persiste, pero ya no determina el voto como antes.
Mientras tanto, Morales continúa en el Chapare, resguardado por sus seguidores, a pesar de enfrentar una orden de arresto por presunta trata de menores. Su influencia, aunque debilitada, sigue presente en los márgenes del proceso.
