En Chilapa, Guerrero, más de cuatro decenas de panaderías artesanales se encuentran inmersas en la producción masiva de piezas típicas para las ofrendas del Día de Muertos, una tradición profundamente enraizada que este año se enfrenta al desafío del encarecimiento de materias primas esenciales.
Resistencia ante el aumento de costos
Este 2025, los ingredientes clave como la harina, el huevo, la manteca de cerdo y la leña han registrado un alza promedio del 10 al 15 por ciento en comparación con el año anterior. A pesar de ello, muchos de estos talleres familiares, algunos con más de ocho décadas de historia, han decidido no trasladar esos incrementos al consumidor durante la temporada festiva.
La postura responde a una decisión comunitaria de preservar el acceso a los elementos simbólicos de la celebración, garantizando que honrar a los difuntos siga siendo posible en cada hogar sin barreras económicas.
Impacto en los insumos básicos
El costo del bulto de harina de 50 kilos pasó de 790 a 860 pesos. La cubeta de manteca de 15 kilos con 800 gramos, antes adquirida en 430 pesos, ahora se cotiza en 460. En el caso del huevo, los panaderos señalan que su precio no es estable y varía mensualmente, lo que complica aún más la planificación de costos. Quienes utilizan horno de barro alimentado con leña también han sentido el impacto: el precio por carga de leña de campo aumentó de 130 a 160 pesos.
Esta temporada, que se extiende desde mediados de octubre hasta los primeros días de noviembre, es crítica para la industria panificadora local, donde la demanda se dispara y con ella, inevitablemente, los precios de los insumos.
Tradición familiar y sabor artesanal
María Concepción Gutiérrez Gatica, una de las figuras centrales en esta tradición, dirige junto a su esposo, hijos, nietos y sobrinos la panadería Cochita, un taller que ha mantenido viva la herencia culinaria por más de 40 años. Allí, todo se hace a mano, sin intervención de maquinaria, y el horno de barro alimentado con leña le otorga un sabor distintivo a cada pieza.
Sus hornos ya preparan centenares de piezas destinadas a ofrendas, con nombres singulares que forman parte del patrimonio cultural local: muñecos de dulce, muñequitos de sal, cemitas de cuerda, el camarón, la amargosa con ajonjolí, el hojaldre, regañadas, los besos, colorados, panocheras, chamucos y otros.
«La intención es que la celebración de honrar a los difuntos se conserve y prevalezca en los hogares»
Este compromiso con la tradición, aun frente a las presiones económicas, refuerza el papel de las panaderías artesanales como guardianas de la identidad cultural en Chilapa.
