7 de marzo del 2026
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Resiliencia en la voz: la lucha de Manuel y Ricardo contra las marcas de la polio

Manuel, de 53 años, y Ricardo, de 65, habitan en Bogotá, Colombia, y aunque nunca se han encontrado en persona, comparten una vivencia que marcó sus trayectorias: las consecuencias persistentes de la poliomielitis, una enfermedad viral altamente infecciosa que ataca el sistema nervioso y puede ocasionar discapacidad permanente. Ambos contrajeron la enfermedad en la infancia, en una época en que la polio afectaba a miles de menores en las Américas, antes de que la región fuese certificada como libre de poliovirus salvaje en 1994 gracias a campañas masivas de inmunización.

De la adversidad a la radio y al diseño universal

Manuel se desplaza con ayuda de muletas axilares, mientras que Ricardo utiliza bastones canadienses y, en determinadas situaciones, recurre a una silla de ruedas. Pese a las limitaciones físicas, cada uno ha construido una carrera profesional destacada. Manuel, formado en informática, encontró su vocación en la comunicación. «Siempre quise estudiar comunicación, pero por cosas del destino antes de eso, estudié informática», confiesa. Sus primeros acercamientos al uso de la voz fueron en un almacén de Fontibón, donde invitaba al público a almorzar. En 1996, logró ingresar a la emisora de la Universidad Nacional, comenzando como operador de consola y cumpliendo luego su anhelo de estar frente al micrófono. Actualmente, coordina dos programas radiales: uno dedicado a la salsa, Por las venas del Caribe, y otro sobre Latin Jazz. Es esposo y padre de dos hijas.

Ricardo, por su parte, es diseñador industrial y profesor universitario. También se ha especializado en locución corporativa y en ergonomía. «En 1998 me hago esta pregunta: siendo una persona con poliomielitis, ¿qué estoy haciendo por las personas con discapacidad?», reflexiona. A partir de allí, desarrolló un proyecto con la Universidad de Carolina del Norte, basado en principios de diseño universal, y acuñó el concepto de Maxivalía, una contraposición al término minusvalía. Su aporte ha sido pionero en la promoción de entornos inclusivos.

La enfermedad en la memoria infantil

Los recuerdos de ambos sobre sus primeros años con la polio son nítidos. «Desde el mes y medio de nacido, me atacó la polio. Me contaron que no me podía sentar; en palabras de mi mamá, era como una cabuya. Esto afectaba la fuerza de las piernas: la izquierda no tiene la fuerza suficiente para sostenerme y es más corta, unos 15 centímetros menos, y la derecha, aunque podría soportar el cuerpo, hay cosas que no me permite hacer como pararme en esa pierna y saltar», relata Manuel. A los 14 años comprendió que el virus no solo genera discapacidad física, sino que también puede afectar el sistema neurológico.

Ricardo contrajo la enfermedad a los dos años, en 1962. «cuando llega la poliomielitis estaba caminando, yo tenía dos años, en 1962. Después de eso recuerdo dolores en las piernas, una fiebre muy alta. La polio me visita y sin permiso entra en mi cuerpo». Recuerda su estancia prolongada en cama, una lámpara roja en el Instituto Roosevelt, que fue su centro de rehabilitación, y cómo su madre le colocaba los aparatos ortopédicos que lo ayudaban a moverse. Estudió en un colegio regular, usaba anteojos, ortesis desde los pies hasta las caderas, y sus muletas axilares las describió como un camello.

La importancia de la vacunación en el presente

Aunque la polio fue erradicada en las Américas desde 1994, el riesgo persiste a nivel global, especialmente en zonas con baja cobertura de vacunación. En 2024, solo el 83% de los niños de la región recibió las tres dosis recomendadas de la vacuna, cifra aún por debajo del 95% necesario para mantener la inmunidad colectiva. Casos derivados de la vacuna viva atenuada también representan una amenaza en comunidades desprotegidas.

Como padres, tanto Manuel como Ricardo han sido rigurosos con el esquema de vacunación de sus hijos. «Desde que supe que iba a ser papá, empecé a documentarme sobre las vacunas. Yo seguí a rajatabla todo el esquema que nos recomendaban los médicos», asegura Manuel. Ricardo y su pareja también cumplieron con todos los protocolos: «Desde chiquis debíamos protegerlos. Nosotros seguimos todo el protocolo de vacunación, les preguntamos a los pediatras porque sabíamos que era un proceso de cuidado y de protección, y que la historia no se podía repetir».

Reflexiones sobre lo que pudo ser

Al imaginar una vida sin polio, ambos sonríen. «Creo que hubiese sido futbolista y ¡el mejor del mundo!», dice Manuel entre risas. «Pero las secuelas de la polio me quitaron ese sueño -aún en mi condición yo salía a jugar fútbol y me creía ‘el Diego’ (Maradona) de esos momentos». Ricardo responde con nostalgia: «¡Con esta pinta y esta voz! Me encanta bailar, yo bailaba con mis bastones, pero me imagino bailando sin la silla y sin bastones…sería un excelente bailarín, un excelente jugador de ping pong, un excelente nadador. Con esta voz, hubiera aprendido a cantar».

Un llamado urgente a los padres

El mensaje que ambos dirigen a las familias actuales es contundente. «La gente ha tomado posiciones contrarias a la vacunación durante la pandemia. Cada uno piense lo que desee, yo lo veo muy triste, muy doloroso para un padre o para un cuidador darse cuenta de que, por la falta de esa vacuna, mi hijo o la persona a mi cargo, puede sufrir esta o aquella condición», advierte Manuel. «las vacunas son absolutamente necesarias, y a veces la desinformación y la estigmatización que permite la era moderna circulan muchas mentiras.»

Ricardo refuerza el llamado: «usted que es papá y usted que es mamá, vacunen a sus hijos contra la poliomielitis». Justo después, prepara su voz para grabar un mensaje de audio en el que reitera la necesidad de proteger a todas las niñas y niños mediante la vacunación.

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