7 de marzo del 2026
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Un sabor único para el Día de Muertos: el pan de muerto con anís y cajeta de camote que nació en medio de la pandemia

En el corazón de Guanajuato capital, una tradición ancestral se reinventa cada año durante el Día de Muertos a través del horno de una panadería que ha convertido el pan típico en un homenaje sensorial: Kanelina, donde cada pieza evoca recuerdos, resistencia y dulzura. Aquí, el pan de muerto no es solo un alimento, sino una experiencia que combina el anís, el piloncillo y un distintivo toque de cajeta de camote.

Una receta con sabor a tradición y superación

«El pan que representa a mi ciudad es el pan de anís con piloncillo. Aquí, el sabor lo da el piloncillo que se mezcla en la masa, puede ser líquido o pulverizado, y el toque de anís para lograr un aroma más fuerte e irresistible», aseguró Kenia Saavedra, fundadora del negocio. Esta combinación única ha posicionado a su panadería como un referente local en la temporada de honrar a los difuntos.

En Kanelina, cada elaboración sigue métodos artesanales que respetan los tiempos naturales de la fermentación. El proceso completo demanda entre cuatro y cinco horas, lo que garantiza una textura esponjosa, impregnada profundamente con el aroma del anís y la riqueza del piloncillo.

De forastero a artesano: un pan que transformó una vida

Joel Ocampo, originario de Baja California Sur, forma ahora parte esencial del equipo de Kanelina. Su llegada a Guanajuato no estuvo motivada por la panificación, pero todo cambió al probar por primera vez el pan de muerto local. «La primera vez que lo probé no me gustó, no estaba acostumbrado. Pero la segunda y tercera vez, supe que era un sabor que se queda en ti. Ahora vivo aquí, elaborando este pan que se volvió parte de mi historia», confiesa.

Un emprendimiento nacido en la adversidad

Kanelina, Panadería Tradicional, surgió en plena crisis sanitaria, cuando la necesidad impulsó a Kenia Saavedra a comenzar su proyecto con una pequeña motocicleta rosa, repartiendo pan puerta a puerta en el centro de la ciudad. Lo que empezó como una iniciativa de supervivencia se transformó en un espacio físico que mantiene viva la esencia del pan artesanal.

Hoy, la panadería no solo honra al Día de Muertos con sus creaciones, sino que también simboliza la resiliencia, la identidad guanajuatense y el poder del sabor para unir historias. Entre hornos encendidos, granos de anís y cucharadas de cajeta, Kanelina ha hecho del pan de muerto un legado en constante fermentación.

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