Un legado silenciado durante décadas por fin encuentra su lugar: un álbum de fotos rescatado en Saltillo regresará al Museo de Medicina Laboral de Real del Monte, Hidalgo, como homenaje póstumo a Nelly Zurhaar Legel, la enfermera neerlandesa cuya devoción la convirtió en leyenda.
El guardián del recuerdo
Durante 40 años, un ciudadano de Saltillo custodió un álbum fotográfico que no le pertenecía, resguardado como testimonio de una historia que clamaba por justicia histórica. Lo obtuvo en 1985 mientras coordinaba la transformación del antiguo Hospital Minero en museo, tras descubrirlo destinado al desecho. Lo salvó por convicción: «llévatelo, total, a quién le va a interesar», le dijeron entonces.
Intentó en múltiples ocasiones donarlo a la Fototeca Nacional en Pachuca, sin éxito. Tampoco respondieron llamados a través de medios de comunicación. Solo recientemente logró contacto con la licenciada Aracely Monroy, encargada del museo, quien aceptó con entusiasmo la donación.
La vida de una sanadora
Nacida como Neeltje en La Haya el 3 de agosto de 1881, Nelly Zurhaar Legel fue contratada en 1924 por la United States Smelting, Refining and Mining Company para trabajar en el Hospital Minero de Real del Monte. A sus 43 años, dejó los Países Bajos, pasó por Escocia y arribó a Tampico antes de internarse en las montañas hidalguenses.
Instalada en un anexo del hospital, se convirtió en figura central para mineros, sus familias y comunidades. Atendía heridas, pulmones dañados por el trabajo subterráneo, partos y fiebres. Con el tiempo, ascendió a administradora del centro médico. Siempre soltera, dedicó sus días al servicio, sin descanso, sin familia biológica cerca.
Una presencia más allá de la muerte
Falleció el 26 de octubre de 1959 y fue sepultada en el Panteón Inglés del lugar. Pero su memoria no se apagó: en 1966, un minero gravemente hermado afirmó que la vio cambiándole los vendajes, diciéndole: «No es bueno desear la muerte, Simón. Aún no es tu tiempo». Tras abrir los ojos, ya no estaba. Casos similares circularon durante los años sesenta, forjando una tradición oral que la describe como una protectora eterna.
Este fenómeno no generó temor, sino consuelo: la comunidad eligió recordarla como un ángel que seguía cumpliendo su misión.
El cuarto sellado y su contenido
Tras su muerte, las pertenencias de Nelly fueron clausuradas por orden judicial en una habitación del hospital, a la espera de reclamación por parte de su hermano Adriano o sus sobrinos. Hasta 1985, casi tres décadas después, se autorizó la apertura formal del cuarto.
En su interior, entre objetos deteriorados —cobijas, cojines, una máquina de coser, libros y una lata con galletas—, se halló el álbum que ahora regresa a su origen. Contiene 74 fotografías fijadas en páginas de colores y dos imágenes sueltas de los años 50. En ellas aparece junto a colegas, en hospitales, cuidando niños, con expresión de ternura y profesionalismo.
Reparación histórica
El donante no solo entrega el álbum, sino que ha propuesto formalmente que el anexo donde vivió sea nombrado «Nelly Zurhaar Legel, el Ángel de Real del Monte». La medida corregiría una omisión de décadas: pese a sus 35 años ininterrumpidos de servicio, no existe reconocimiento oficial en su nombre.
«El álbum pertenece a la historia, a la memoria de Real del Monte y su gente. He tenido el privilegio de rescatarlo, investigarlo y preservarlo. Ahora tengo la responsabilidad de entregarlo»
Así, lo que comenzó como un acto accidental de conservación se transforma en un deber cumplido: devolver al lugar que la vio vivir y servir, el último testimonio material de quien entregó su vida a los demás.
