Una bocina, platillos típicos, atole y relatos familiares fueron parte de la conmemoración que la familia González Zamora realizó este 2 de noviembre en el Panteón Xalapeño, donde acuden año con año para mantener viva la memoria de sus seres queridos.
Un homenaje lleno de música y afecto
Entre sonidos de música norteña y de banda que resonaban en el camposanto, los integrantes de esta familia compartieron un momento cargado de nostalgia y cariño. La ausencia física de sus parientes no opacó el clima de celebración con el que los honraron.
Uno de los seres recordados fue Cándido González Eusebio, quien dedicó gran parte de su vida a la conducción de camiones y, al mismo tiempo, se desempeñó durante más de tres décadas como luchador profesional bajo el nombre de “Estrella Roja”, participando en escenarios tanto locales como nacionales.
La tradición que une generaciones
Antonia Zamora Larios, viuda de Cándido, es quien impulsa la continuidad de esta práctica familiar. Ella, madre de tres hijos, además de tener nietos y bisnietos, aseguró que visita frecuentemente la tumba de su esposo.
“Se dedicó mucho tiempo a la lucha libre, estuvo en escenarios locales y nacionales, era muy dedicado, le gustaba mucho lo que hacía”
Este domingo estuvo acompañada por dos de sus hijos y varios nietos, con quienes compartió alimentos y bebidas sobre la tumba, en un ritual que incluye el desayuno en el panteón junto a los restos de sus ancestros.
Un llamado a no olvidar
La familia González Zamora destacó la importancia de mantener vivas las costumbres del Día de Muertos. Acuden cada 2 de noviembre sin excepción, sin importar el día de la semana, con el propósito de que las nuevas generaciones no pierdan el respeto y el cariño por sus antepasados.
“Cada año venimos, desayunamos acá en la tumba de mi esposo, hay tíos, los abuelos, lo que hacemos es recordarlos”
La música que suena a través de la bocina es la que agradaba a los fallecidos, y los alimentos que llevan son los mismos que se colocan en los altares en casa.
Otro ejemplo de tradición familiar
Otra historia similar es la de Aurelia Solís, quien desde hace varios años reúne a sus hermanos, hijos y nietos en la tumba de sus padres cada 2 de noviembre. Aunque no siempre logran congregarse todos, mantienen el contacto y honran la memoria de sus progenitores.
Los más jóvenes se encargan de adornar las tumbas con flor de cempasúchil, coronas y papeles picados. Ella misma señaló:
“Esto es para honrar la memoria de nuestros padres, somos ocho hermanos, mis padres murieron desde hace muchos años, pero mantenemos viva la tradición para que las nuevas generaciones no pierdan el amor y respeto por los antepasados”
Convivio, comida y recuerdos
La familia de Aurelia, en su mayoría originaria de Xalapa, también incluye miembros que residen en Tepetlán, Acatlán, Alto Lucero y Naolinco. Llevan consigo pan, café, refrescos, dulce de calabaza y tamales para compartir en un ambiente de convivencia.
Tras limpiar y decorar las tumbas, comparten anécdotas de quienes ya no están, afirmando que aunque no están presentes físicamente, siempre permanecen en sus corazones.
“Lo importante es compartir las tradiciones y mantenerlas vivas porque se ha perdido mucho este tipo de celebración, no sólo hay que venir al panteón este día, sino las veces que sean necesarias. Son nuestros antepasados y siempre es importante recordar de dónde venimos y dedicarles un tiempo por el amor y respeto que se les tiene”
