En medio de una de las sequías más intensas registradas en dos décadas, el Rancho Cacachilas, ubicado en Baja California Sur, se ha convertido en un laboratorio vivo para la siembra de forrajes adaptados a climas extremos. Tras una temporada en la que el estado apenas recibió 64.5 milímetros de lluvia —la cifra más baja del país según la Conagua—, y comunidades como El Sargento apenas alcanzaron 1.5 milímetros, las prácticas ganaderas tradicionales han quedado al borde del colapso.
La escasez de precipitaciones redujo drásticamente los agostaderos naturales, transformando extensas zonas en suelos desprovistos de vegetación capaz de alimentar al ganado. Ante este escenario, el rancho impulsa un modelo agropecuario regenerativo que busca no solo alimentar animales, sino también restaurar la salud del suelo y fortalecer la resiliencia del ecosistema.
Una agricultura que regenera el suelo
“La intención es hacer una agricultura regenerativa”, afirmó Esmeralda Ramírez, jefa de producción del rancho. “Prácticas que nos permitan no sólo producir alimentos de alta calidad, sino también poder mitigar o revertir algunos de los efectos del cambio climático con los recursos que tenemos disponibles”. En este sistema, la composta elaborada en el lugar sustituye por completo los fertilizantes industriales, cerrando ciclos dentro del propio ecosistema.
El enfoque va más allá de la producción de alimento: los forrajes no solo nutren a mulas y caballos, sino que sus raíces devuelven nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y magnesio al suelo, tal como explicó Ramírez: “Uno, es alimento para los animales y dos, las raíces fijan nutrientes de vuelta en el suelo”.
Especies seleccionadas por su resistencia
Entre los cultivos experimentales destacan el sorgo sudán, el pasto rodes y el frijol capuí, una leguminosa africana con alta capacidad de fijación de nitrógeno y alto valor proteínico. “Es un súper alimento, lo vemos como un tipo de frijol muy viable en la zona”, señaló Ramírez, aunque reconoció que su aceptación local enfrenta barreras culturales por no formar parte de la dieta tradicional.
Además, se han incorporado árboles forrajeros como la moringa y el guaje, que no solo proporcionan alimento para el ganado, sino que generan sombra, atraen polinizadores y favorecen la formación de microclimas benéficos.
Ganadería como herramienta de restauración
Para José Manuel Pérez, gerente general del rancho, el ganado no es solo un fin productivo, sino un agente de regeneración: “El manejo ganadero y el ganado tienen que ser una herramienta que nos ayude a hacer el disturbio suficiente en los terrenos, la pezuña reincorpora materia orgánica, favorece la infiltración de agua y las bacterias del rumen se integran al suelo”.
Este enfoque, conocido como ganadería holística, se aplica mediante un sistema de pastoreo rotacional. Usando cercos eléctricos alimentados con energía solar, el ganado se traslada cada tres o cuatro días entre secciones del terreno, permitiendo que las zonas descansen y se regeneren. “El animal se alimenta aquí en el sitio y regresa a un cerco permanente, la idea es temporada con temporada ir cambiando la ubicación de los cercos”, detalló Ramírez.
Difusión del conocimiento a productores locales
Con el objetivo de escalar su impacto, el rancho organiza mensualmente el programa Vámonos al rancho, durante la temporada fresca, para que ganaderos de la región puedan visitar las instalaciones, observar las técnicas y participar en talleres prácticos. “Queremos que vengan, que aprendan, que conozcan, que vean las técnicas que estamos usando y que puedan replicarlas en sus propios ranchos”, dijo Pérez.
Las capacitaciones, realizadas en colaboración con la Universidad Autónoma de Baja California Sur, abarcan el manejo de agostaderos, la elaboración de composta y el aprovechamiento de subproductos pecuarios.
Frente a un panorama en el que el 90% del territorio sudcaliforniano enfrentó sequía en 2024 y los costos de forraje se dispararon hasta los 260 pesos por paca, las experiencias en Cacachilas ofrecen una alternativa de bajo impacto, enfocada en la sostenibilidad y no en la maximización de rendimientos. “Nuestra intención es demostrar que una agricultura regenerativa es viable en ecosistemas áridos como el nuestro, y que también puede representar un modelo económico para la región”, concluyó Ramírez.
