Abigail Díaz Acosta, originaria de Hidalgo, fue separada de sus hijas en 2021 tras una ruptura con su expareja. Lo que comenzó como una crisis familiar derivó en un proceso de sufrimiento que la llevó a descubrir que era víctima de violencia vicaria. Hoy, transformó su dolor en acción y acompaña a otras mujeres en situación similar a través de la asociación civil Ley Sabina.
Del dolor a la activación
Al principio, Abigail buscaba únicamente contención y apoyo emocional. Acudió a Ley Sabina como usuaria, donando ropa y participando en actividades comunitarias. Fue durante un evento el 11 de mayo cuando comprendió que su experiencia encajaba dentro de lo que se conoce como violencia vicaria: “yo soy víctima de violencia vicaria. Mis hijas son víctimas de violencia vicaria”, afirmó en entrevista.
Este tipo de violencia, definido en el Código Penal de Hidalgo, consiste en el daño físico o psicológico infligido a una mujer a través del afecto hacia sus hijas, hijos o personas con relación afectiva cercana.
Separación y pérdida de custodia
Abigail es madre de dos niñas, de seis y once años. Tras la separación, las menores vivieron con ella inicialmente, pero su expareja se las llevó con engaños y ya no las devolvió. Poco después, se inició un juicio por guarda y custodia, en el que él obtuvo el derecho provisional. Abigail firmó un convenio que le cedió la custodia total, decisión que tomó por desconocimiento del sistema: “Fue por mi desconocimiento en el tema completamente, yo no sabía que me estaba perjudicando a mí”.
En 2022 inició el proceso para recuperar la tutela, pero enfrentó obstáculos como carpetas de investigación falsas y hostigamiento constante. La Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) desestimó varias por falta de pruebas, aunque en otros casos las negociaciones se prolongan, lo que Abigail considera una táctica para presionarla en temas de patria potestad.
Manipulación y reparación emocional
Las niñas fueron expuestas a manipulación psicológica, por lo que Abigail las integró a las actividades de Ley Sabina para que comprendieran la situación desde otra perspectiva: “que tengan una perspectiva diferente de qué es lo que está pasando y creo que está funcionando”.
A pesar de que no han perdido contacto por completo, en múltiples ocasiones se les negó la convivencia con su madre. Las constantes mudanzas y el control sobre la comunicación escolar forman parte, según Abigail, de las estrategias utilizadas por los agresores para continuar dañando a la madre a través de sus hijas.
Redes de apoyo y salud mental
Abigail reveló que enfrentó dos años de depresión severa y ansiedad, pero logró recuperarse gracias al acompañamiento psicológico y a redes de contención ofrecidas por instituciones como el Centro de Justicia para Mujeres y el Instituto Hidalguense de la Mujer.
“Tratamos de hacer este acompañamiento y demostrarnos que realmente no estamos solas, que estamos juntas y que juntas a veces duele menos y pues que juntas también podemos más”.
Destacó la importancia de la inteligencia emocional y del respaldo comunitario en estos procesos. Abigail ahora acompaña a otras madres, brindando contención y orientación legal.
Violencia silenciosa desde el noviazgo
La activista alertó que esta forma de violencia puede comenzar desde el noviazgo con frases como: “no estás preparada para ser mamá” o “los niños estarán mejor conmigo”. “Este tipo de cuestiones van avanzando”, advirtió, y subrayó la necesidad de estar atenta a las señales que familiares o amigos puedan señalar.
“Escuchen lo que te dicen en el exterior, lo que te dicen tal vez tus amigos, tus familiares, si te dicen el típico amiga date cuenta o el sal de ahí, hazlo. Hazlo, no te esperes a la segunda vez que te grite, no te esperes a la segunda vez que te insulte, dejemos de normalizar la violencia”.
La calificó como “una violencia silenciosa, una violencia que no solo afecta a los niños, niñas, adolescentes y a las mujeres, una violencia que está saliendo apenas a la luz, pero que siempre ha sucedido. Y una violencia que es directamente hacia mujeres”.
La labor de Ley Sabina y el reto del reconocimiento
La asociación ofrece acompañamiento psicológico y legal a madres afectadas. Abigail destacó que este respaldo “nos da la fortaleza para seguir peleando por nuestras infancias y también porque se sigan respetando nuestros derechos”.
La máxima expresión de esta violencia, según señaló, incluye el suicidio inducido en madres y el asesinato de niñeces con el fin de lastimar a la progenitora, aunque estos casos no han sido detectados en Hidalgo según los registros de la organización.
“…pero como madre, desde que te arrancan a tus hijos, desde que se los llevan es un vacío horrible que no sabría cómo explicarte, es un vacío, unas dudas enormes, el no tener comunicación con ellos, el evitar la comunicación o la convivencia con ellos duele muchísimo, duele muchísimo el saber que tú estás ahí y que lo están evitando y que tal vez ellos no se dan cuenta de esto”.
Ley Sabina reporta 300 deudores alimentarios en el estado y atiende casos de reconocimiento paterno, guarda y custodia, y violencia en razón de género. Sin embargo, apenas existen dos carpetas de investigación por violencia vicaria en Hidalgo, lo que evidencia el bajo nivel de denuncia y reconocimiento.
Abigail insistió en que “afortunadamente se está avanzando en ese aspecto, pero al final quienes deben tener ese conocimiento son las personas de primer contacto, los ministerios públicos, para saber cómo atender estas cuestiones de la violencia vicaria aquí en el estado y que no lo quieran manejar como violencia familiar”.
