7 de marzo del 2026
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Jóvenes con el rostro cubierto exigen cambio en León tras asesinato de alcalde de Uruapan

En las calles del centro de León, un grupo de jóvenes con el rostro oculto bajo capuchas, paliacates y cubrebocas se sumó a la marcha convocada por el asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo. La protesta, mayoritariamente conformada por activistas sociales, ciudadanos politizados, profesionistas y empresarios, contrastó con la presencia de estos muchachos, cuya imagen y actitud marcaron una diferencia evidente.

Un grito de hartazgo social

Entre los manifestantes, destacó una joven de alrededor de 18 años, con voz firme y rostro cubierto, quien no dudó en expresar su postura radical:

«Sí señor, no queremos ser vistos»

. Sin titubeos, aseguró que la transformación solo es posible mediante la confrontación:

«No señor, debe ser a chingadazos. El cambio es chingadazos»

. Junto con sus compañeros, pintaron grafitis en las paredes de la Presidencia Municipal, atacaron la cantera con aerosoles y ondearon pancartas con consignas contundentes.

Entre los lemas que portaban destacaban: «¡Renuncia Claudia!, ¡renuncia Alejandra!», así como «PAN, PRI y Morena, son la misma chingadera», evidenciando una profunda desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales y los actuales liderazgos nacionales.

Un grupo sin etiquetas, pero con rabia

Este colectivo, integrado por alrededor de 20 a 25 personas con edades entre los 15 y 25 años, no se identifica con nombres formales como Generación Z ni como anarquistas, pese a usar el símbolo de esa corriente en sus pintas. Su reclamo surge de la violencia constante en sus colonias, la presencia de sicarios y narcotraficantes en las calles, la falta de empleo y la ausencia de medicamentos en los hospitales.

«Estamos hartos los jóvenes», dijo una de las participantes. «Queremos un mundo mejor, eso es lo que queremos. Miren a los del campo, están pidiendo ayuda y no los ayudan. Las madres buscadoras, tuvieron que crear su grupito para buscar a sus hijos y ahí siguen buscándolos. Y Carlos Manzo veía por su pueblo. No hay palabras»

.

Presencia urbana con advertencia

Aunque no se les percibió como un grupo de choque ni como personas acarreadas, su conducta transmitía intensidad. Con acento leonés y gestos alterados, vivían con énfasis su primera aparición pública. Uno de ellos, con gorro y rostro tapado, levantó el puño y lanzó un mensaje cargado de desafío:

«México es nuestro, del pueblo. Nosotros los que nos levantamos a luchar y que no nos quedamos callados»

.

Y con tono agresivo, agregó:

«No sean agachones, no le tengan miedo a la policía, ni mucho menos al pu… gobierno»

. El grito final resonó como un estallido:

«Que viva México cabrones»

.

Sus acciones, aunque disruptivas, no fueron improvisadas. Venían dispuestos a pelear, como admitió uno de ellos:

«Nosotros venimos dispuestos a pelear, si es necesario, pero los señores nos dijeron que no. Esto no puede ser pacífico»

. Su mensaje es claro: no buscan protagonismo, sino transformación. No saben con certeza hacia dónde van, pero sí saben que ya no aguantan más.

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