Las comisiones de Hacienda y Economía de la Cámara de Diputados dieron luz verde a un dictamen que impone gravámenes de hasta el 35% sobre 1,463 partidas arancelarias, principalmente enfocadas en productos provenientes de China, India, Vietnam y Corea del Sur. Aunque el gobierno federal justifica la medida como un respaldo a la industria nacional, su verdadera motivación parece ser una señal de alineamiento con Estados Unidos.
Una medida alineada con la política exterior de EE.UU.
El contexto es clave: primero surgió la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Donald Trump, en la que México fue identificado como una “puerta trasera” para mercancías chinas y de sus aliados productivos. Posteriormente, México aceleró acciones simbólicas para demostrar que esa entrada se está sellando.
La propuesta inicial de la presidenta Claudia Sheinbaum contemplaba tasas del 50%, pero tras presión del sector empresarial, se redujo al tope del 35%. Sin embargo, la esencia no cambió: se trata de una medida preventiva de cara a la revisión del T-MEC en 2026, no de una política industrial estratégica.
Impacto directo en autos, electrónicos e insumos clave
El efecto de los nuevos aranceles es desigual, pero tangible. En el caso de India, la medida afecta directamente a vehículos compactos y subcompactos. Gran parte de la oferta de Suzuki —como el Swift, Baleno, Ignis, Ertiga, XL7, Fronx y el Jimny de cinco puertas— proviene de fábricas indias. Tampoco se salvan el Virtus de Volkswagen, el Grand i10, parte de la Creta de Hyundai o el Sonet de Kia.
Como no existe tratado de libre comercio entre México e India, el 35% recaerá directamente en el precio final o en los márgenes de las distribuidoras.
Efectos en la cadena de consumo y producción
En el caso de China y Vietnam, las implicaciones se extienden tanto al consumidor como a la producción nacional. De estos países llegan numerosos dispositivos electrónicos —como celulares, laptops y gadgets de marcas como Xiaomi y Huawei—, así como calzado deportivo y ropa fabricada para Nike y Adidas, comercializados por plataformas como Shein y Temu.
Aplicar un arancel del 35% encarecerá tenis y prendas, mientras que el aumento en el costo de los electrónicos impactará tanto al consumo diario como a las pequeñas empresas que dependen de equipos económicos.
El costo oculto: insumos tecnológicos de Corea del Sur
El caso de Corea del Sur es especialmente delicado. De allí provienen componentes esenciales como chips, piezas automotrices, aceros especiales y equipos ópticos, todos cruciales en la fabricación de vehículos y dispositivos que México exporta a Estados Unidos.
Al elevar el costo de estos insumos, se afecta directamente la competitividad de la plataforma exportadora mexicana, justo cuando el fenómeno del nearshoring debería convertirla en la principal beneficiada.
Riesgo inflacionario y presión sobre el Banco de México
La medida se implementa en un contexto de inflación anual del 3.80%, con proyecciones que superan el 4.3% para 2026. El nuevo muro arancelario sobre electrónicos, automóviles y bienes duraderos podría sumar hasta medio punto porcentual adicional a la inflación.
Este escenario obligaría al Banco de México a mantener tasas de interés elevadas por más tiempo, encareciendo el crédito precisamente cuando la economía necesita estímulos para la inversión, no restricciones.
«Ni siquiera hay garantía de que alcance para calmar a Trump. Para él, si EE.UU impone aranceles del 60% o 100% a China, una tasa mexicana de 35% mantiene abierta la ventana de la triangulación rentable.»
Peor aún, al enmarcar la exigencia en términos de seguridad nacional, la demanda ya no es fiscal, sino geopolítica. Un impuesto aduanero no resuelve preocupaciones sobre espionaje tecnológico ni el control de infraestructuras críticas. México ya está pagando un precio alto sin certeza de que, cuando llegue el momento, Donald Trump considere suficiente la ofrenda.
