7 de marzo del 2026
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Hacia un deporte seguro: ética, ciencia y responsabilidad compartida

El concepto de deporte seguro ha trascendido el ámbito de los resultados atléticos para posicionarse como un compromiso ético global por garantizar entornos libres de violencia, abuso y negligencia. Hoy, más que nunca, se reconoce que detrás de cada actuación deportiva hay personas cuya integridad debe estar por encima de cualquier logro competitivo. Este enfoque ha ido ganando terreno a nivel internacional y empieza a consolidarse en México, particularmente en Colima, donde diversas acciones institucionales apuntan a construir espacios deportivos más dignos, justos y protectores.

Los orígenes de una transformación global

En las décadas pasadas, escándalos de abuso y maltrato en el deporte sacudieron al mundo, exponiendo una realidad sistémica que, bajo el pretexto de la disciplina, normalizaba prácticas violentas. Especialmente en Canadá y el Reino Unido, surgió el término Child Protection in Sport, marca de un cambio de paradigma. Con el tiempo, esta idea evolucionó hacia lo que hoy se conoce como Safe Sport, un marco que busca erradicar cualquier forma de violencia en la actividad física organizada.

Organismos internacionales tomaron cartas en el asunto: el Consejo de Europa promovió políticas de prevención, mientras que casos emblemáticos de abuso en gimnasia olímpica pusieron en evidencia la gravedad del problema. En 2016, el Comité Olímpico Internacional presentó un marco integral de protección para atletas, y al año siguiente, la UNESCO reconoció el derecho universal a practicar deporte en entornos seguros, inclusivos y sin violencia. Desde entonces, el deporte seguro dejó de ser una aspiración para convertirse en una obligación institucional.

El camino normativo en México

En el contexto nacional, el avance comenzó en 2013 con la aprobación de la Ley General de Cultura Física y Deporte, que incorporó principios de prevención de la violencia y promoción de la paz. Posteriormente, se estableció la Comisión Especial contra la Violencia en el Deporte, y con las reformas de 2025 se instauraron protocolos nacionales para prevenir delitos, acoso y discriminación. Aunque el progreso es desigual, estos pasos marcan una evolución importante en la construcción de una cultura deportiva más humana.

Sin embargo, persiste una brecha crítica entre la legislación y la práctica cotidiana. La falta de formación en seguridad deportiva dentro de federaciones, escuelas y centros de entrenamiento permite que continúen ocurriendo casos de hostigamiento, acoso psicológico, negligencia médica y violencia encubierta. Con frecuencia, estas conductas se justifican con frases como “así se forja al campeón”, o se mantienen en silencio por conveniencia o impunidad.

La responsabilidad del liderazgo deportivo

Quienes dirigen el deporte —entrenadores, directivos y personal docente— tienen en sus manos la integridad de quienes practican actividad física. Su formación ética y profesional es clave para romper con dinámicas tóxicas.

“La verdadera grandeza no se mide en victorias, sino en la capacidad de construir entornos donde cada persona pueda desarrollarse con dignidad, bienestar y respeto.”

La evidencia científica es contundente: los ambientes inseguros generan no solo lesiones físicas, sino también traumas emocionales profundos, abandono prematuro y, en casos extremos, conductas suicidas. La seguridad no es solo cuestión de infraestructura o reglamentos; es una cultura basada en el respeto, la corresponsabilidad y la ética del cuidado. Perpetuar entornos donde el éxito se impone sobre la salud humana es sostener estructuras de abuso.

La ciencia como aliada del cambio

Desde 2024, la Universidad de Colima lidera un esfuerzo regional a través del Cuerpo Académico UCOL-85 Educación y Movimiento, en colaboración con la Universidad Autónoma de Nuevo León y cerca de veinte instituciones nacionales e internacionales. Este trabajo forma parte del proyecto Experiencias de violencia interpersonal en el deporte, financiado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI). La iniciativa busca generar conocimiento, formar profesionales y diseñar estrategias preventivas para proteger a jóvenes y deportistas.

El grupo UCOL-85 se enfoca en analizar las manifestaciones de violencia que aún persisten y en desarrollar alternativas educativas que transformen las prácticas hegemónicas. Pero este cambio no puede limitarse a la academia: requiere la acción decidida de federaciones, escuelas y la sociedad en su conjunto.

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