El Mercado de Sonora, ubicado en el corazón de la Ciudad de México y reconocido por su oferta de artículos esotéricos y la comercialización de fauna, dejará de vender animales tras una resolución judicial que pone fin a una práctica denunciada durante años por colectivos defensores de los derechos animales. La medida responde a múltiples alertas sobre el trato inhumano y las condiciones insalubres en las que se mantenía a especies domésticas y silvestres.
«El gran reto que tenemos no solo como activistas, sociedad civil o autoridades, es que no sea solo un papel muerto y que lo que ha pasado en los mercados, y específicamente en el de Sonora. Durante muchos años ya estaba esta ley, pero no se aplicaba»
dijo Dulce Ramírez, líder de Igualdad Animal México, quien destacó que el impulso para erradicar esta actividad se fortaleció a partir de 2021 con una ley que prohíbe el sacrificio de animales en vivo y el funcionamiento de rastros clandestinos en espacios mercantiles.
Conflictos persistentes y riesgos sanitarios
A pesar de los avances legales, Ramírez advirtió que aún se registran casos de matanza ilegal en otros mercados de la capital, como el de San Juan, donde se continúa con prácticas como el sacrificio in situ de conejos y aves. Esta dinámica representa un serio foco de infección debido a la manipulación de animales vivos en espacios inadecuados.
La organización que representa ha documentado situaciones extremas en el Mercado de Sonora, que data de 1957, como perros en estado de abandono, con mutilaciones, enfermedades o alteraciones estéticas para simular ciertas razas, lo que incrementa el riesgo de brotes zoonóticos y compromete la salud tanto animal como humana.
«Es una mafia que, lamentablemente, viene de un contexto de pobreza, de desigualdad social y nosotros como activistas tampoco podemos ignorar esa parte (…). Aunque pese a la idea de pobreza también hay que entender que es un mercado muy lucrativo», señaló Ramírez.
Resistencia y nuevos caminos
Durante una visita al lugar, periodistas de EFE fueron rechazados por comerciantes que se negaron a dar declaraciones, evidenciando una postura de cerrazón ante la prensa y las organizaciones de activismo. En estos espacios, los animales se han utilizado históricamente con diversos fines: para consumo humano, rituales religiosos, entretenimiento —como palomas usadas en tiro al blanco— o como alimento para mascotas depredadoras.
Además, se han exhibido especies exóticas y en peligro de extinción, entre ellas monos araña, reptiles, tigres e incluso leones, lo que agrava las violaciones a la normativa ambiental y de bienestar animal.
Ante el impacto económico que representa el cese de esta actividad, la resolución contempla un periodo de transición para los comerciantes, incluyendo apoyos financieros y asistencia para cambiar su giro de negocio.
Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, anunció en una rueda de prensa en octubre que se trabajará de cerca con los afectados para facilitar su reconfiguración económica.
«Sabemos que es un delito la venta de animales en los espacios públicos en los mercados, en general, nos vamos a poner de acuerdo porque esto implicará apoyar a los locatarios para que puedan tener otros giros (…) y para evitar lo que hoy está pasando»
Alternativas y tensiones
Ramírez propuso que los vendedores podrían reorientarse hacia servicios de cuidado animal, un sector en crecimiento y rentable, aunque reconoció que existe una fuerte resistencia por parte de los comerciantes, quienes han mostrado hostilidad frente al activismo y evitan cualquier diálogo.
«Lo importante es que las autoridades sean el vínculo. Nosotros estamos aquí para defender a quienes, no pueden, que son los animales, y nuestro objetivo es que dejen de explotarlos», concluyó.
