7 de marzo del 2026
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La invasión digital que está erosionando el rendimiento escolar

El desplome en las calificaciones de los estudiantes a nivel mundial se asocia crecientemente con el uso indiscriminado de dispositivos electrónicos dentro y fuera del aula. Durante décadas, los resultados de las evaluaciones estandarizadas en Estados Unidos mostraron una tendencia ascendente, pero a partir de 2012 comenzaron a descender, llegando a su nivel más bajo en dos décadas para 2023 y 2024. Este fenómeno no es exclusivo del país norteamericano: en todo el planeta, los adolescentes de 15 años alcanzaron en 2022 su peor desempeño en matemáticas, lectura y ciencias.

Aunque la pandemia de Covid-19 afectó significativamente la continuidad del aprendizaje, el deterioro en las puntuaciones ya se había iniciado años antes. Un factor clave aparece con claridad: la irrupción de los teléfonos inteligentes. Desde su masificación, coincidiendo con el inicio del declive, estos dispositivos han transformado el entorno educativo. La evidencia ha impulsado a varios distritos escolares a implementar prohibiciones totales de dispositivos personales como celulares, laptops, tabletas y relojes inteligentes durante la jornada escolar, tal como ocurrió en todas las escuelas públicas del Estado de Nueva York.

Adicción digital y rendimiento académico

Pese a estos avances, el 83 por ciento de los maestros de educación básica y media encuestados por un importante sindicato consideran necesaria la restricción de celulares, pero reconocen que el problema va más allá. Los estudiantes ahora no solo usan dispositivos personales, sino que muchos cuentan con laptops o tablets proporcionadas por las escuelas. Aunque se supone que estos equipos están destinados a usos educativos, la realidad es muy distinta.

Sylvie McNamara, madre de un estudiante de noveno grado en Washington D.C., escribió en la revista Washingtonian que su hijo pasaba todos los periodos de clase viendo series de televisión y jugando en su ordenador portátil provisto por la escuela. A menudo no tenía idea de los temas que se trataban en sus clases.

Ante su reclamo, las autoridades escolares se negaron a restringir el uso del dispositivo, argumentando que era esencial para el currículo. Situaciones como esta no son aisladas. Una encuesta realizada por Common Sense Media reveló que una cuarta parte de los adolescentes en Estados Unidos admitió haber accedido a contenido pornográfico durante clases, y casi la mitad lo hizo a través de dispositivos escolares.

Distracciones que afectan a todos

La exposición a material inapropiado no solo impacta al estudiante que lo consume, sino también a sus compañeros. Imaginar a un adolescente tratando de entender senos y cosenos mientras ve desnudez en la pantalla del compañero de al lado refleja una realidad perturbadora. Incluso sin llegar a estos extremos, las distracciones digitales consumen gran parte del tiempo de clase. Un estudio en la Universidad Estatal de Michigan mostró que los estudiantes universitarios —mayores de edad y supuestamente más disciplinados— pasaron casi el 40 por ciento del tiempo en clase navegando redes sociales, revisando correos o viendo videos.

El problema también se extiende al hogar. Dispositivos escolares muchas veces permiten acceso ilimitado a plataformas como YouTube o servicios de streaming.

El otro día, mi hija me dijo que estaba viendo la violenta serie policial “The Rookie” en su portátil escolar en casa. Al parecer, el dispositivo no bloqueaba el acceso al servicio de streaming Disney+.

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Evidencia global del deterioro educativo

La relación entre distracción digital y bajo rendimiento académico está comprobada. Un estudio publicado en octubre en The Journal of Adolescence reveló que en los países donde los estudiantes usaban más tiempo sus dispositivos para actividades recreativas durante la escuela, las puntuaciones en matemáticas, lectura y ciencias cayeron de forma significativa. Finlandia, antes referente mundial en educación, reportó en 2022 que sus adolescentes usan dispositivos con fines no académicos durante casi 90 minutos diarios. En paralelo, sus calificaciones han caído drásticamente desde 2006.

En contraste, países como Japón, donde el uso recreativo de dispositivos escolares es menor a 30 minutos, han mantenido un desempeño estable, especialmente en ciencias y matemáticas. La UNESCO también ha alertado: el uso excesivo de tecnologías digitales perjudica el aprendizaje al fomentar distracciones y actividades ajenas al contenido curricular.

Soluciones frente a la impotencia parental

Los padres enfrentan una batalla desigual. Aunque muchos desean establecer controles, no pueden instalar software de monitoreo en dispositivos escolares. Algunos distritos, como el de la autora, responden con frases como:

no hay sustituto para la supervisión parental. Infórmese de a qué sitios accede su hijo en línea.

Pero sin herramientas reales, esta responsabilidad resulta imposible de cumplir.

Para revertir la tendencia, los distritos escolares deben asumir un papel decisivo. Los departamentos de tecnología deberían restringir severamente el acceso a plataformas no educativas. Además, deben existir políticas claras que prohíban usos recreativos y promuevan la integración de contenidos educativos directamente en plataformas escolares, evitando el acceso libre a YouTube.

También es necesario reconsiderar la cantidad de tareas que requieren dispositivos. Una hoja de ejercicios en papel o un ensayo escrito a mano no solo reducen las distracciones, sino que disminuyen el riesgo de plagio con herramientas como ChatGPT. Varios estudios respaldan el aprendizaje sin pantallas: uno con cerca de 300.000 estudiantes mostró que quienes usaban más dispositivos digitales en clases de lectura obtenían peores resultados. Un metaanálisis de 2018 concluyó que leer en papel mejora significativamente la comprensión, y tomar notas a mano aumenta en un 58 por ciento la probabilidad de obtener sobresaliente, frente a quienes usan computadoras, quienes tienen un 75 por ciento más de probabilidades de reprobar.

Hacia escuelas libres de dispositivos

Políticas que entregaron un dispositivo a cada estudiante, vistas inicialmente como progreso, han resultado en un fracaso colectivo. Es momento de replantearlas. Se podría optar por un uso muy restringido en grados iniciales, o incluso crear escuelas completamente libres de pantallas, salvo para estudiantes con necesidades especiales. Regresar al lápiz, al cuaderno y al libro de texto no es retroceder: es proteger el aprendizaje.

Si a los adultos les cuesta concentrarse con tantas tentaciones digitales, ¿cómo exigirlo a un adolescente de 11 o 16 años? Pedir que los estudiantes se enfoquen en medio de un bombardeo de distracciones no solo daña sus calificaciones, sino que compromete su desarrollo intelectual. Y eso, simplemente, es una injusticia con las nuevas generaciones.

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