En la madrugada del 3 de enero de 2026, alrededor de las 2:00, una serie de ataques provenientes de Estados Unidos impactaron territorio venezolano, desencadenando una ola de reacciones encontradas entre gobiernos y organismos internacionales en todo el mundo.
Condenas regionales y respaldo a la soberanía
El mandatario colombiano Gustavo Petro, conocido por su postura crítica hacia la injerencia extranjera, fue uno de los primeros en alzar la voz, exigiendo sesiones de emergencia tanto en la Organización de Estados Americanos como en las Naciones Unidas.
De manera contundente, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, emitió un mensaje en la red social X en el que afirmó: «México condena enérgicamente la intervención militar en Venezuela». Junto con su declaración, citó textualmente el Artículo 2, párrafo 4 de la Carta de las Naciones Unidas, que establece:
Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas
También han manifestado su rechazo a los hechos los gobiernos de Brasil, Chile, Uruguay y Cuba, al considerar que la acción viola principios fundamentales del derecho internacional.
Apoyos a la intervención en América Latina
En contraste, el presidente argentino Javier Milei celebró lo ocurrido con un mensaje en X donde afirmó: «La libertad avanza». Junto con Argentina, otros países que han respaldado la operación militar o han mostrado satisfacción por la caída del gobierno de Nicolás Maduro incluyen a Ecuador, Paraguay, El Salvador y Bolivia.
Posiciones de potencias mundiales
China, aliado político de Venezuela, emitió una fuerte condena mediante Xinhua, su agencia estatal de noticias. Un vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores chino aseguró que el país asiático «está profundamente consternado y condena enérgicamente» los ataques, a los que calificó como «actos hegemónicos» que «violan gravemente el derecho internacional y la soberanía de Venezuela». Además, instó a Washington a «respetar el derecho internacional y los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas».
Rusia, clave en el suministro de armamento a Caracas, defendió el derecho del país suramericano a la autodeterminación. Su Ministerio de Relaciones Exteriores manifestó estar «extremadamente preocupado» por los reportes sobre la captura de Maduro y su esposa, y advirtió que, de confirmarse, dichos actos «constituirían una violación inaceptable de la soberanía de un estado independiente». Según información de Efe citada por el portal independiente Insider, el presidente ruso Vladímir Putin se trasladó al Kremlin para analizar la situación en encuentros privados.
La postura europea
La Unión Europea adoptó una posición equilibrada. Kaja Kallas, Alta Representante para Asuntos Exteriores, confirmó haber conversado con el Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y con el embajador de la UE en Caracas tras los sucesos. En un comunicado en X, indicó que la UE «ha declarado repetidamente que Maduro carece de legitimidad», pero subrayó que «en todas las circunstancias, deben respetarse los principios del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas».
Por otro lado, el presidente francés Emmanuel Macron expresó una visión más favorable a la intervención. En un mensaje en X, afirmó: «el pueblo venezolano se ha liberado hoy de la dictadura de Nicolás Maduro», y añadió que la transición «debe ser pacífica, democrática y respetuosa de la voluntad del pueblo venezolano».
Aunque numerosos países ya han emitido sus posturas, prácticamente la totalidad de las naciones del mundo han hecho pronunciamientos respecto a los acontecimientos en Venezuela.
