7 de marzo del 2026
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Estados Unidos inicia 2026 con ofensiva militar en Venezuela y toma de control petrolero

Aviones F-35 de Estados Unidos permanecieron estacionados en la pista del Aeropuerto José Aponte de la Torre, en Ceiba, Puerto Rico, durante las primeras horas del sábado 3 de enero de 2026, en medio de la escalada militar que culminó con la invasión de Venezuela y la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El Partido Socialista por la Igualdad en Estados Unidos, junto con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y el World Socialist Web Site, condenaron el operativo como una agresión ilegal destinada a reestablecer el dominio colonial en América Latina.

Una guerra por los recursos

El ataque, que dejó al menos 40 muertos, fue presentado por el gobierno de Trump como una operación de transición de poder, aunque en realidad representa una toma directa del control estatal venezolano. En una rueda de prensa, el secretario de Guerra de la administración, Pete Hegseth, afirmó: «Bienvenidos al 2026», señalando que el nuevo año comenzaría con una política exterior de dominio militar explícito. Trump declaró que su país «gobernará el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y juiciosa», confirmando la ocupación directa.

El verdadero objetivo, según reveló el propio mandatario estadounidense, es el control de los recursos petroleros venezolanos. «Vamos a hacer que nuestras grandes empresas petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren y gasten miles de millones de dólares», proclamó Trump el domingo. En caso de resistencia, amenazó con un segundo ataque aún más devastador: «Estamos preparados para lanzar un segundo ataque mucho mayor si es necesario».

Interés económico y amenazas regionales

El Wall Street Journal informó que grandes fondos de cobertura y gestores de activos planean enviar una delegación a Caracas en marzo para evaluar entre 500.000 y 750.000 millones de dólares en «oportunidades de inversión» en los próximos cinco años. La invasión fue presentada como una advertencia a cualquier nación que desafíe la hegemonía estadounidense. Trump afirmó que «el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado», haciendo referencia a su nueva Estrategia de Seguridad Nacional.

La administración lanzó advertencias directas a otros gobiernos de izquierda en la región. Sobre el presidente colombiano Gustavo Petro, Trump dijo en tono amenazante: «Tiene que cuidar su trasero». Hegseth añadió que «Estados Unidos puede proyectar nuestra voluntad en cualquier lugar y en cualquier momento», comparando a Venezuela con Irán: «Maduro tuvo su oportunidad, al igual que Irán tuvo la suya, hasta que la perdió». El secretario de Estado, Marco Rubio, también emitió una amenaza al gobierno cubano: «si yo fuera el líder de la nación isleña, estaría preocupado».

Expansión del militarismo global

La política exterior de Trump no se limita a América Latina. En 2025, Estados Unidos llevó a cabo bombardeos en Siria, Irak, Yemen, Somalia y Nigeria, además de sus acciones en Venezuela e Irán. El presidente también ha planteado la anexión de Groenlandia y Canadá, así como la retención del control sobre el Canal de Panamá. El mensaje a China fue particularmente significativo: horas antes del ataque, Maduro se reunió con una delegación china liderada por Qiu Xiaoqi para discutir cooperación energética, lo cual parece haber precipitado la incursión como un acto de sabotaje geopolítico.

«No encontrará, a través de la guerra, una solución viable a sus males internos»

La escalada militar se interpreta como una respuesta a la crisis estructural del imperialismo estadounidense. La deuda nacional supera los 38 billones de dólares y el oro alcanza más de 4300 dólares la onza, indicadores del desplome de confianza en el dólar. La clase dominante busca compensar el declive económico con el control de recursos estratégicos y la expansión neocolonial. Sin embargo, esta estrategia requiere desplegar cientos de miles de soldados, lo que podría derivar en un conflicto prolongado y devastador, similar o mayor al de Irak, donde se movilizaron hasta 130.000 militares estadounidenses.

Guerra interior y represión social

Trump anunció el despliegue de la Guardia Nacional en ciudades como Washington D.C., Los Ángeles, Memphis y Nueva Orleans, sugiriendo que debería hacerse en más lugares. Este endurecimiento interno refleja la lógica de violencia que se aplica en el exterior. El Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, celebró la operación como «una de las medidas más audaces que ha tomado un presidente en años», destacando su «indudable éxito táctico» y la caída de Maduro como «buena noticia».

El Partido Demócrata no ha ofrecido oposición real. Hakeem Jeffries criticó solo la falta de notificación al Congreso, aunque reiteró que Maduro no era «el jefe legítimo del gobierno». Pocos meses antes, republicanos y demócratas aprobaron un presupuesto militar de 900.000 millones de dólares, respaldando la misma agenda imperialista. Bernie Sanders calificó la intervención como «ilegal e inconstitucional», pero no convocó movilizaciones ni propuso una estrategia de resistencia.

La respuesta de la clase trabajadora

Las encuestas revelan una oposición masiva dentro de Estados Unidos: el índice de aprobación de Trump es del 36 %, el más bajo en más de medio siglo para un presidente en su primer año. Manifestaciones estallaron pocas horas después del ataque, anticipando una ola de resistencia global. Sin embargo, la experiencia con las protestas por el genocidio en Gaza muestra que la movilización espontánea no basta sin un programa y dirección revolucionaria.

La crisis capitalista global —con inflación, despidos masivos impulsados por la inteligencia artificial, pobreza creciente y desmantelamiento de derechos— está generando un polvorín social. La respuesta imperialista violenta y la contrarrevolución interna son dos caras de la misma moneda. El Partido Socialista por la Igualdad y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional llaman a los trabajadores, estudiantes y jóvenes del mundo a organizarse, construir movimientos independientes y luchar por el socialismo como alternativa al capitalismo, cuya lógica conduce inevitablemente a la guerra y la dictadura.

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