Tras la operación militar que concluyó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, la administración de Donald Trump redirigió su enfoque geopolítico hacia Cuba, señalando abiertamente que el colapso del régimen en La Habana podría ser un próximo paso inevitable. El presidente estadounidense afirmó durante su regreso desde Florida:
«Cuba parece que está a punto de caer, se está hundiendo definitivamente. No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Recibían todo sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano».
Impacto del colapso venezolano en Cuba
La caída del gobierno de Maduro golpeó de lleno a Cuba, no solo por la pérdida de un aliado clave, sino por el corte de suministro de petróleo que durante años sostuvo su sistema energético. Las consecuencias humanas también fueron inmediatas: el gobierno cubano confirmó la muerte de 32 militares y personal de seguridad que se encontraban en Caracas al momento de la operación.
Este vínculo energético, basado en el intercambio de crudo venezolano por servicios médicos y asesores de seguridad cubanos, ahora está roto. El vacío ha sido parcialmente llenado por México, que en 2025 se convirtió en el principal proveedor de petróleo a la isla, aportando más de 12 mil barriles diarios, lo que equivale al 44 por ciento de las importaciones totales de Cuba, según datos de la empresa Kpler.
México bajo la mira de Washington
Este giro colocó al gobierno de Claudia Sheinbaum en el centro del escrutinio internacional. Estados Unidos ha exigido a México que revise su postura, criticando tanto el suministro de crudo como los acuerdos que permiten la presencia de brigadas médicas cubanas en territorio mexicano. Katherine Dueholm, subsecretaria adjunta del Departamento de Estado, afirmó:
«Desafortunadamente, al apegarse a su política exterior no intervencionista, la actual Administración (de Sheinbaum) ha actuado con frecuencia de maneras que contradicen lo que consideramos nuestros valores compartidos y los objetivos de EU. Esto incluye, su apoyo al régimen cubano, brutal, corrupto y económicamente disfuncional».
Legisladores republicanos con raíces cubanas en el Congreso estadounidense han intensificado las críticas. La congresista María Elvira Salazar lanzó un mensaje directo:
«Presidenta Claudia Sheinbaum: la historia está mirando. Basta ya de respaldar dictaduras en Venezuela y Cuba».
Por su parte, Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart advirtieron que la postura mexicana podría tener repercusiones comerciales, particularmente de cara a la revisión del tratado entre Estados Unidos, México y Canadá en 2026.
Defensa de la política exterior mexicana
Frente a las presiones, la presidenta Claudia Sheinbaum reiteró el compromiso histórico de México con Cuba, subrayando que las relaciones bilaterales trascienden administraciones y partidos.
«Primero lo hacemos en un marco legal, como país soberano y segundo, lo hacemos para dar continuidad a una serie de apoyos que se han dado históricamente de nuestro país a Cuba».
Además, criticó la intervención en Venezuela:
«La acción unilateral y la invasión no pueden ser la base de las relaciones internacionales en el siglo XXI».
Escepticismo sobre el colapso cubano
A pesar del tono optimista en Washington, analistas dudan de que la crisis económica sea suficiente para derribar al régimen cubano. Michael J. Bustamante, académico de la Universidad de Miami, expresó:
«Si la pregunta es si el gobierno cubano va a colapsar por sí solo porque el dolor económico va a aumentar sin los envíos de crudo, soy muy escéptico».
Juan González, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional, coincidió en que el corte de petróleo agravará la crisis humanitaria, pero no necesariamente provocará el fin del gobierno. Carlos Alzugaray, diplomático cubano retirado, advirtió al Washington Post que
«No creo que la gente esté tan desesperada como para recibir con los brazos abiertos una intervención estadounidense».
Mientras tanto, en ciudades como Little Havana y Doral, comunidades de exiliados celebraron la captura de Maduro. Dariel Fernández, funcionario electo en Miami-Dade, sostuvo que
«Cuba es la ‘raíz’ de los problemas con Venezuela, Nicaragua y otros regímenes de izquierda en la región»
y que
«ahora ha llegado el momento… de que el régimen comunista y socialista de los Castro sea responsabilizado también, y de que el pueblo cubano finalmente sea libre».
