La caída de Venezuela en lo que Mario Vargas Llosa denominó un «retorno a la barbarie» refleja, según sus análisis, cómo el ascenso del populismo y el autoritarismo han erosionado los pilares del desarrollo civilizado en América Latina. En un texto redactado en 2019, el escritor peruano criticó con firmeza la descomposición social y económica del país caribeño, destacando que «la dolarización del comercio no es un acto gratuito ni una libre elección, sino la única manera como los venezolanos pueden saber el valor real de las cosas en un país donde la moneda nacional se devalúa a cada instante por la pavorosa inflación».
El llamado al trueque como símbolo del colapso
En su artículo publicado en Diario El País, el premio Nobel mencionó a Diosdado Cabello, figura central del chavismo, como representante extremo de la desconexión del gobierno venezolano con la realidad. Irritado por el desplazamiento del bolívar y el predominio del dólar en las transacciones, Cabello propuso el regreso al trueque, una medida que Vargas Llosa interpretó como un signo evidente del retroceso civilizatorio.
«una diáfana indicación de ese retorno a la barbarie que vive Venezuela desde que, en un acto de ceguera colectiva, el pueblo venezolano llevó al poder al comandante Chávez»
.
El autor trazó un paralelo entre esta práctica comercial primitiva y el surgimiento del relato como motor de la humanidad. Para él, el momento fundacional de la civilización no fue el comercio, sino la narración:
«Tengo la sospecha que el acto decisivo para la desanimalización del ser humano ocurrió antes del comercio, cuando nuestros antecesores se reunían en la caverna primitiva, alrededor de una fogata, para contarse cuentos»
. En su visión, la ficción y el mito fueron los primeros impulsores del anhelo por una vida mejor y del progreso colectivo.
La amenaza de reversibilidad del progreso
Vargas Llosa enfatizó que el avance hacia la civilización no es inevitable ni irreversible.
«Es un gran error creer que salir de la barbarie y llegar a la civilización es un proceso fatídico e inevitable. La mejor demostración de que los pueblos pueden, también, retroceder de la civilización a la barbarie es lo que ocurre precisamente en Venezuela»
. Para el intelectual, un país con enorme potencial económico ha pasado de una democracia imperfecta a una forma de barbarie sin precedentes en América Latina, afectando incluso la estructura económica, social y política.
El «socialismo del siglo XXI», en su opinión, se ha convertido en
«uno de los peores cataclismos de la historia»
, trascendiendo la crisis migratoria —que ha forzado a más de cuatro millones de venezolanos a huir para no morir de hambre— y extendiéndose a niveles escandalosos de corrupción.
«los robos cuantiosos con los que la supuesta revolución ha enriquecido a un puñado de militares y dirigentes chavistas cuyas gigantescas fortunas han fugado y se refugian ahora en aquellos países capitalistas contra los que claman a diario Maduro, Cabello y compañía»
.
Represión, autoritarismo y modelos regionales
El análisis del escritor incorporó datos contundentes sobre la represión en Venezuela:
«Las organizaciones de derechos humanos dicen que hay 501 presos políticos reconocidos por el régimen, y, pese a ello, se hallan aislados y sometidos a torturas sistemáticas. La represión crece con la impopularidad del régimen»
. Vargas Llosa señaló que la multiplicación de fuerzas represivas y el uso del terror no logran estabilizar al gobierno, sino que incrementan el rechazo popular.
El modelo a imitar, advirtió, es Cuba:
«un país sonámbulo y petrificado, resignado a su suerte, que ofrece playas y sol a los turistas, y que se ha quedado fuera de la historia»
. Pero Venezuela no es un caso aislado. El autor alertó que Argentina transitó de un desarrollo relativo al subdesarrollo bajo el impulso del «populismo frenético», un camino que inició con Perón.
El fenómeno populista en toda la región
El escritor señaló que procesos similares se han extendido por América Latina. En Nicaragua, Daniel Ortega ha retomado la represión violenta contra opositores, respaldado por una fuerza armada que, según Vargas Llosa, es idéntica a la que permitió a Somoza saquear al país. En Bolivia, el cuarto mandato consecutivo de Evo Morales simbolizó, para el autor, la consagración de la perpetuidad en el poder mediante
«unas elecciones manufacturadas a la manera venezolana»
.
En su conclusión, Vargas Llosa lanzó una advertencia continental:
«sería terrible para América Latina que también el gigante brasileño comenzara el retorno a la barbarie»
, subrayando que
«mucho dependerá de lo que haga el mundo entero, y, sobre todo, la América Latina democrática para impedirlo»
.
