En un planeta cada vez más afectado por el calentamiento global, con los últimos diez años registrados como los más cálidos en la historia, la necesidad de adoptar fuentes limpias de energía se vuelve imperiosa. Este contexto hace especialmente relevante el Día Internacional de la Energía Limpia, efeméride promovida por la ONU y celebrada cada 26 de enero, que invita a repensar el rumbo energético mundial.
Según expertos, el paso a energías renovables es clave para frenar el aumento de gases de efecto invernadero. En 2025, por primera vez, las fuentes como la solar y la eólica superaron al carbón como principal origen de electricidad a nivel global. Pese a este avance, persisten numerosos mitos que dificultan la aceptación social de estas tecnologías, advierte Andy Fitch, abogado del Centro Sabin para el Derecho del Cambio Climático de Columbia Law School y coautor de un estudio que desacredita docenas de ideas erróneas.
La desinformación tiene consecuencias reales: en Nueva Jersey, Estados Unidos, el respaldo a parques eólicos marinos decayó más del 20 % en menos de cinco años tras la difusión de afirmaciones falsas. «Es fácil poner en duda la idea de una transición energética», reconoce Fitch, «porque es un concepto nuevo para muchas personas».
¿Son realmente inestables las energías verdes?
Uno de los argumentos más comunes es que la energía solar y eólica no son confiables por depender del clima. Sin embargo, es poco probable que todas las regiones enfrenten condiciones adversas al mismo tiempo. «Siempre hay una forma de coordinar la combinación de energías» para mantener el suministro, explica Fitch.
Actualmente, sistemas como el de California complementan su matriz —donde más de la mitad proviene de fuentes renovables— con gas natural. A futuro, redes interconectadas entre grandes zonas geográficas podrían transferir energía desde áreas con sol o viento hacia aquellas con pausas climáticas. Países como Suecia y Austria ya operan bajo este modelo, obteniendo casi toda su electricidad de fuentes limpias.
Además, el almacenamiento está ganando terreno: en California, cerca del 10 % de la energía solar generada se guarda para uso nocturno. Ninguna fuente energética es infalible, y los sistemas fósiles también sufren interrupciones, recuerda el especialista.
Paneles solares accesibles y beneficios económicos
Otro mito común es que instalar paneles solares en los hogares es prohibitivo. La realidad es distinta: la energía solar ya es más económica que el gas, el carbón o la nuclear a lo largo de su ciclo de vida. En México, por ejemplo, la instalación de 36 GW de solar y 10 GW de eólica podría permitir alcanzar un 45 % de participación renovable en 2030, lo que, según un informe de mayo de 2025 de Ember, «podría reducir un 20% sus importaciones de gas para generación eléctrica, evitando gastos por USD$1.600 millones».
El crecimiento es viable: «ejemplos de otros países de América Latina demuestran que este crecimiento es factible. Brasil triplicó con creces su generación solar en cinco años», detalla el estudio. Incluso quienes viven en departamentos o son inquilinos pueden acceder a beneficios a través de programas de energía compartida, donde compañías eléctricas ofrecen créditos en las facturas por la generación solar colectiva.
Los dueños de terrenos también obtienen ganancias, especialmente en proyectos agrivoltaicos, donde paneles solares conviven con cultivos y ganado. Esta práctica permite ahorrar agua en la agricultura y brinda sombra a los animales, mejorando su bienestar.
¿Qué tan grave es el impacto eólico en la vida silvestre?
La proliferación de turbinas ha generado preocupación por su efecto en aves, murciélagos, ballenas e insectos. Aunque en ciertos casos la energía eólica causa una fracción de las muertes de fauna, estas «son insignificantes en comparación con lo que el cambio climático está haciendo en el hábitat de los animales», subraya Douglas Nowacek, experto en tecnología de conservación de la Universidad de Duke.
Respecto a los mamíferos marinos, «no tenemos pruebas, ninguna», de que los proyectos eólicos marinos los hayan matado, asegura Nowacek, investigador principal del programa de Fauna Silvestre y Energía Eólica Marina. Las principales amenazas para ballenas siguen siendo los choques con embarcaciones y los enredos en redes de pesca.
Durante la construcción, el ruido de los pilotes puede molestar temporalmente a los cetáceos, pero la perturbación es mínima: «una ballena que marcamos no se movió de su sitio cuando comenzaron los golpes», relata. En contraste, las explosiones para extracción de petróleo y los derrames causan daños mucho mayores.
En cuanto a aves continentales, más de medio millón mueren anualmente por colisiones con turbinas en Estados Unidos, según estimaciones de la American Bird Conservancy. No obstante, dos tercios de las aves de América del Norte enfrentan riesgo de extinción por el calentamiento global. Para mitigar el impacto, científicos estudian patrones migratorios, altura de vuelo y estrategias como pintar las palas de negro. Empresas ya usan cámaras con inteligencia artificial para detener turbinas cuando pasan aves. Un proyecto en España logró salvar al 62 % de las especies vulnerables sin afectar significativamente la producción.
Autonomía y durabilidad de los vehículos eléctricos
Los autos eléctricos son clave en la transición energética, ya que pueden alimentarse con electricidad limpia y son mucho más eficientes que los de combustión, aprovechando casi toda su energía para moverse, frente al 25 % de eficiencia en los tradicionales.
El temor a quedarse sin carga en carretera proviene de los primeros prototipos de los años 70, con autonomías menores a 64 km. Hoy, más de 50 modelos superan los 480 km por carga, y algunos llegan a más de 800 km. Tampoco hay fundamento en las dudas sobre la vida útil de las baterías: solo el 1 % de las fabricadas desde 2015 han requerido reemplazo (fuera de defectos de fábrica, casi inexistentes en años recientes). Un estudio de Tesla mostró que la capacidad de sus baterías se redujo apenas un 15 % tras 320 000 km recorridos.
La tecnología evoluciona: las baterías derivan de sistemas de iones de litio de los 90, pero ahora usan menos cobalto y níquel, metales contaminantes, y tienen mayor densidad energética. Las investigaciones apuntan a electrolitos sólidos, sustitución del litio por sodio y electrodos de un solo cristal capaces de durar millones de kilómetros.
Las renovables no son la solución completa al cambio climático
Gracias a la adopción de energías limpias, el mundo evitó un escenario catastrófico: antes del Acuerdo de París, se proyectaba un calentamiento de 4 °C para 2100; ahora se prevé mantenerlo por debajo de los 3 °C, según World Weather Attribution. Pero este nivel «seguiría conduciendo a un planeta peligrosamente caliente», advierte el informe.
Las estaciones de monitoreo en Hawái ya registraron niveles de CO₂ superiores a 430 partes por millón, muy por encima del límite deseable de 350 ppm. Para frenar el calentamiento, la energía eólica debe cuadruplicar su ritmo de crecimiento para 2030, y la solar y otras renovables deben expandirse aún más. Aunque las inversiones globales crecieron un 10 % en la primera mitad del año pasado, en Estados Unidos —uno de los mayores emisores— bajaron más de un tercio.
«Dejar nuestra producción energética tal y como está ahora es profundamente insostenible», concluye Fitch. Por eso es crucial «hacer comparaciones justas entre una fuente de energía y otra», separando mitos de realidades comprobadas.
