7 de marzo del 2026
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Descenso en homicidios contrasta con alza en desapariciones: una estadística bajo sospecha

Un nuevo informe del Observatorio Nacional Ciudadano de Seguridad, Justicia y Legalidad (ONC) revela una tendencia oficial celebrada: una disminución del 5 por ciento en la incidencia delictiva total en comparación con 2024, junto con una reducción sostenida en la tasa de homicidio doloso desde los niveles máximos de 2018 y 2019. A primera vista, estos números parecen positivos. Sin embargo, un análisis más profundo del mismo documento plantea una inquietante interrogante: ¿la violencia letal realmente ha bajado, o simplemente se está contando de otra manera?

Contradicciones en las cifras oficiales

El estudio destaca una alarmante desvinculación entre el descenso en asesinatos y el comportamiento caótico en los registros de desapariciones. Mientras los homicidios muestran una leve mejoría, varios estados presentan incrementos drásticos en personas no localizadas. Jalisco, Baja California Sur, Campeche, Querétaro y Tlaxcala reportan aumentos anuales superiores al 80 por ciento. Sinaloa, por su parte, encabeza la lista con la tasa más alta a nivel nacional. Estos no son indicadores menores, sino señales de emergencia en múltiples regiones.

Además, el ONC advierte sobre la inestabilidad del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. En solo diez días, la cifra oficial de desaparecidos en 2025 descendió en 1,230 casos sin que se ofreciera una justificación pública. El 11 de enero se registraban 14,100 personas; el 21 de enero, la cifra cayó a 12,870. El organismo insiste en la necesidad urgente de “poner orden” en este sistema. No se trata de un mero asunto técnico: implica la posibilidad de invisibilizar a las víctimas mediante ajustes administrativos.

Delitos que persisten y se adaptan

El informe también señala fenómenos delictivos que no solo se mantienen, sino que se consolidan. La extorsión permanece como uno de los crímenes más arraigados y resistentes. El narcomenudeo continúa en ascenso desde 2015. Asimismo, los llamados “otros delitos que atentan contra la vida” siguen creciendo, incluso cuando el homicidio doloso disminuye. La violencia, en lugar de desaparecer, se reconfigura.

El ONC detalla casos de asesinatos relacionados con el cobro de derecho de piso, el asesinato de líderes empresariales, sociales, periodistas y activistas, así como desplazamientos forzados de comunidades enteras, como el que ocurre en Sinaloa. Estos hechos no coinciden con una historia de pacificación. Más bien, encajan con un escenario en el que la violencia se fragmenta, se oculta o se reclasifica.

La verdad detrás de las estadísticas

Reconocer la baja en homicidios sin confrontarla con el aumento en desapariciones constituye, como mínimo, una interpretación incompleta. Cuando los muertos bajan pero los ausentes suben, la estadística deja de ser un indicador de seguridad para convertirse en un dilema de veracidad. El informe del Observatorio Nacional Ciudadano no oculta esta paradoja: la desnuda. Ahora le corresponde al Estado responder, no con manipulaciones contables, sino con instituciones verdaderamente capaces de buscar, investigar y rendir cuentas. Porque un país con menos homicidios, pero más desaparecidos, no es necesariamente un país más seguro.

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