Este domingo, Bad Bunny se presentará en el escenario más visto del planeta durante el descanso del Super Bowl, marcando un hito al ofrecer el primer espectáculo íntegro en español en la historia del evento deportivo más importante de Estados Unidos. La actuación del puertorriqueño tendrá lugar en un contexto altamente polarizado, bajo la sombra de la retórica migratoria agresiva que caracterizó al Gobierno de Donald Trump.
Un discurso cultural frente al nacionalismo
El artista, reconocido como una de las figuras culturales más influyentes de la década, llega al Super Bowl LX con un impulso sin precedentes tras su exitosa noche en los Grammy, donde se alzó con el premio al mejor álbum de música urbana. En su discurso, pronunció palabras contundentes:
«No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens -término designado a cualquier persona que no sea ciudadana o nacional estadounidense, pero que en la retórica actual se emplea para deshumanizar al migrante-. Somos humanos y somos americanos»
, una declaración que resonó como un acto de reafirmación identitaria en un momento de fuerte tensión migratoria.
Este posicionamiento cobra aún más fuerza frente a las políticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), cuyo endurecimiento ha sido una bandera del ala conservadora estadounidense. La elección de Bad Bunny como figura central del espectáculo ha sido vista por muchos como un desafío simbólico a esa narrativa.
Rechazo conservador y respaldo institucional
La decisión de la NFL de entregar su momento de mayor audiencia a un artista con repertorio exclusivamente en español ha generado reacciones encontradas. Mientras el comisionado Roger Goodell defendió la elección afirmando que
«Es uno de los grandes artistas del mundo»
, Donald Trump no dudó en calificarla de «ridícula» y anunció que no asistirá al evento.
«Creo que es una pésima elección. Lo único que hace es sembrar odio. Terrible»
, declaró el expresidente.
Detrás de la controversia, también surgieron rumores sobre posibles operativos de vigilancia del ICE durante la transmisión del espectáculo, aunque el comité organizador del Super Bowl desmintió tales planes, asegurando que no se implementarán operativos especiales, según un memorando compartido por The Washington Post y The Athletic.
Símbolos de resistencia en las calles
En San Francisco, carteles con los mensajes ‘ICE Out’ y ‘Chinga la migra’ han comenzado a aparecer en distintos puntos de la ciudad, como parte de una campaña de resistencia simbolizada por el sapo concho, una especie endémica de Puerto Rico en peligro crítico de extinción que Bad Bunny adoptó como emblema en su más reciente gira. El anfibio se ha convertido en un ícono cultural que fusiona ecología, identidad y lucha migrante.
La presencia de Green Day en el mismo espectáculo intensifica aún más el carácter político del evento. La banda de punk rock, conocida por su activismo, participará con un mensaje igualmente contundente. En una aparición reciente en Coachella, afirmaron:
«No somos parte de la agenda de odio»
, consolidando su rol como voz disidente.
Una fiesta con identidad
Aunque los detalles de la actuación de Bad Bunny permanecen en secreto, el artista adelantó que su presentación será «una gran fiesta» llena de «mucha cultura puertorriqueña». La combinación de su soberanía cultural con la rebeldía de Green Day convierte al espectáculo del Super Bowl LX en un momento simbólico, que trasciende el entretenimiento y se posiciona como un acto de resistencia cultural en el corazón del deporte estadounidense.
