7 de marzo del 2026
InicioColumnasEl encuentro entre Petro y Trump y los límites de la izquierda...

El encuentro entre Petro y Trump y los límites de la izquierda progresista en América Latina

La reciente imagen de Gustavo Petro compartiendo un saludo con Donald Trump en la Casa Blanca no solo marca un contraste con su retórica anterior en redes sociales y discursos incisivos, sino que también pone en evidencia una contradicción estructural dentro de la izquierda progresista: la dificultad para trascender el simbolismo político cuando se accede al poder.

Entre el discurso y la gobernabilidad

Durante años, Petro construyó una figura pública enfrentada a Estados Unidos, canalizando un descontento común en varios países latinoamericanos, incluido México, respecto a la histórica subordinación y desigualdad en las relaciones con la potencia norteamericana. Este discurso le otorgó legitimidad y resonancia social. Sin embargo, su gestión gubernamental ha seguido una línea reformista que no cuestiona los pilares del sistema económico y político existente.

El verdadero problema no radica en el cambio de tono frente a Trump, sino en la ilusión previa de que era posible una transformación profunda sin antes construir poder material suficiente. La izquierda progresista, en general, promete rupturas que luego no puede sostener al asumir responsabilidades de gobierno. El paso del tuit confrontativo al lenguaje diplomático no es una traición, sino la consecuencia lógica de una política que nunca se propuso cambiar las relaciones de fuerza reales.

La subordinación estructural de América Latina

Países como Colombia y México están profundamente integrados en una división internacional del trabajo que los sitúa en una posición de dependencia. Sus economías, estrategias de seguridad y políticas antidrogas están estrechamente ligadas a los intereses estadounidenses. En este contexto, la política exterior no se define por principios éticos, sino por relaciones de poder concretas.

Aspirar a una confrontación sostenida sin transformar las condiciones internas —como el control de la economía, la organización popular y la disputa con las élites locales— resulta, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, se convierte en una representación política destinada al consumo interno. La izquierda progresista evita esta discusión, optando por hablar de “diplomacia inteligente” o “madurez política”, en lugar de reconocer que gobierna sin disputar el poder real.

El dilema del poder sin pueblo organizado

Etiquetar este proceso como una “capitulación” puede ser inexacto, no porque no sea relevante, sino porque implica que hubo una batalla real, lo cual no fue el caso. Petro no abandonó un rumbo radical; simplemente mostró los límites de una izquierda que se define más por su estética crítica que por una estrategia concreta de transformación social.

«El arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas»

Este planteamiento de Marx subraya una lección clave: sin una base popular organizada, consciente y movilizada, cualquier intento de cambio estructural se reduce a una gestión del statu quo con retórica progresista. La historia latinoamericana ha demostrado que cuando los gobiernos avanzan sin respaldo popular sólido, el sistema los neutraliza. Cuando existe organización desde abajo, el margen de acción se amplía.

Una advertencia desde México

Para quienes observan este escenario desde México, la situación resulta incómodamente familiar. Llegar al gobierno no equivale a tomar el poder. Sin una estrategia de clase, sin enfrentar a las élites económicas y sin construir pueblo organizado, el Estado termina absorbiendo a quienes prometieron transformarlo. El problema no es Petro como figura individual, sino el ciclo político que encarna, cuyos límites ya han sido ampliamente demostrados.

La pregunta urgente no es sobre la coherencia de los líderes, sino sobre nuestra disposición colectiva para reconocer que el momento exige pueblos conscientes: organizados, críticos y protagonistas, no meros espectadores de procesos que los excluyen.

NOTICIAS RELACIONADAS

Deje una respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Más Populares

Comentarios Recientes