En la remota Isla Clarión, ubicada en el Pacífico mexicano, un hallazgo científico transformó el destino de una población de iguanas de cola espinosa que durante años fue considerada especie invasora. Inicialmente, su presencia se atribuyó a una introducción humana en la década de 1970, basado en la ausencia de registros previos. Esta suposición desencadenó planes de erradicación por considerarlas una amenaza al frágil ecosistema insular.
El giro inesperado del ADN
En 2013, durante una expedición de la Institución Smithsonian, el biólogo evolutivo Daniel Mulcahy recolectó muestras genéticas de las iguanas mientras estudiaba serpientes. Años después, al enterarse de los planes de eliminación, decidió analizar el material. Los resultados, publicados en la revista Ecology and Evolution, demostraron que el linaje de estas iguanas se separó del grupo continental hace unos 425 mil años.
«El resultado descartó la hipótesis de introducción reciente por actividades humanas», señala el estudio. Esta evidencia genética fue determinante para reevaluar su estatus. Lejos de ser invasoras, las iguanas fueron reconocidas como una población nativa, lo que detuvo las acciones de exterminio.
Colonización natural en un entorno hostil
La isla se encuentra a más de mil kilómetros del continente, lo que hace improbable una llegada humana involuntaria. Sin embargo, el estudio propone que sus ancestros arribaron flotando sobre balsas naturales de vegetación, un mecanismo ya documentado en otras especies de reptiles insulares. Este proceso, conocido como dispersión oceánica pasiva, explicaría su presencia sin intervención humana.
Además, la densa vegetación de nopales y cactus que cubre gran parte de la isla dificultó su avistamiento en expediciones anteriores. Cambios en el paisaje, posiblemente por fenómenos climáticos o actividad natural, permitieron que las iguanas fueran observadas con mayor claridad en décadas recientes, generando la falsa impresión de una llegada reciente.
Un precedente para la conservación
El caso de Clarión ha sido destacado en foros científicos como un ejemplo de cómo las políticas ambientales deben basarse en evidencia molecular, no solo en ausencia de registros. «La ausencia de registros no siempre indica llegada reciente», advierten los investigadores. El ADN se convirtió en la herramienta clave para corregir una interpretación errónea que pudo haber terminado en la eliminación de una especie autóctona.
Hoy, las iguanas de cola espinosa tienen estatus oficial de especie nativa. Su historia subraya la importancia de integrar la ciencia genética en decisiones de manejo ecológico, especialmente en ecosistemas aislados donde los datos históricos son escasos. La conservación, en este caso, se salvó gracias a una revisión tardía pero decisiva.
