Desde 2019, la inversión extranjera en títulos de deuda gubernamental mexicana ha mostrado una trayectoria descendente, con un saldo neto acumulado de salida por 566 mil 712 millones de pesos al cierre de 2025. Ese último año registró una fuga de 92 mil 353 millones de pesos, lo que confirma que la tendencia negativa no ha sido revertida de forma permanente, pese a breves repuntes en 2023 y 2024.
Un declive progresivo
El punto más alto en la tenencia de valores gubernamentales por parte de inversionistas foráneos se alcanzó en febrero de 2019, al inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Desde entonces, la participación extranjera ha ido disminuyendo de manera irregular, con fuertes salidas en 2020 y 2021 —cada uno por más de 257 mil millones de pesos—, seguidos por un saldo negativo en 2022. Aunque 2023 y 2024 registraron entradas netas, estas no fueron suficientes para compensar las fugas anteriores.
El resultado de 2025, nuevamente en terreno negativo, refuerza la percepción de que el interés internacional por los instrumentos financieros locales ha mermado de forma estructural.
Factores internos y externos
Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Banco BASE, señaló que esta dinámica responde a una combinación de factores monetarios y de percepción de riesgo.
«Este comportamiento responde a una mayor aversión al riesgo sobre la economía mexicana, percepción que comenzó a incrementarse desde 2018, con la entrada de la llamada ‘cuarta Transformación’ al gobierno de México y que se combina con factores monetarios y externos»
, afirmó.
Uno de los elementos clave es la reducción de la tasa de interés de referencia del Banco de México, que pasó del 10% a 7.25%, lo que ha disminuido el atractivo de los rendimientos locales. Al estrecharse el diferencial con otras economías, los inversionistas buscan activos con mayores retornos o considerados más seguros.
El impacto de la Reserva Federal
El segundo factor es el entorno internacional, particularmente la política de la Reserva Federal de Estados Unidos. Al mantener tasas relativamente altas o recortarlas más lentamente de lo esperado, los bonos del Tesoro estadounidense se vuelven más atractivos frente a la deuda mexicana. Esto puede incentivar la venta de títulos locales para redirigir capital hacia activos norteamericanos.
Siller destacó que, además de estos aspectos monetarios, influyen episodios de volatilidad ligados a cambios políticos, incertidumbre sobre reformas y expectativas frente a la política económica, lo que eleva el riesgo percibido y acelera la salida de capitales.
Confianza aún frágil
Aunque la situación no representa una crisis financiera inmediata, sí evidencia un cambio en la estrategia de inversión internacional hacia México. La combinación de menores rendimientos internos, competencia con activos estadounidenses y una percepción de riesgo persistente ha reducido la exposición foránea a la deuda local respecto a sus niveles máximos de hace seis años. El dato de 2025 confirma que la desconfianza del capital extranjero sigue siendo sensible a las condiciones económicas y políticas del país.
