La Fundación Mapfre de Madrid acoge una ambiciosa retrospectiva dedicada a Helen Levitt (1913-2009), una de las fotógrafas más influyentes del siglo XX, cuya obra se forjó en las calles de Nueva York y encontró un punto de inflexión durante su único viaje con fines artísticos: un periplo de cinco meses por México en 1941. La exposición, que reúne unas 200 imágenes, incluye piezas inéditas y el filme In The Street, coproducido con Janice Loeb y James Agee, destacando el profundo compromiso social y la mirada poética que caracterizan su legado.
Un regalo que cambió una mirada
Uno de los elementos centrales de la muestra es una fotografía regalada por Henri Cartier-Bresson a Levitt, tomada por él en 1934 en la calle Ecuador de la Ciudad de México. La imagen, que retrata a vendedoras de periódicos, fue mostrada a Levitt en Nueva York en 1935 y años después influyó decisivamente en su decisión de viajar a México. La dedicatoria, fechada en 1981, reza: “Hice esta foto en 1934 con mis propias manos, en México, D.F., en la calle Ecuador y se la enseñé a Helen Levitt en 1935 en Nueva York”. Este gesto no solo marcó un vínculo artístico, sino que ayudó a consolidar la visión estética de Levitt.
Entre Brooklyn y Ciudad de México
Nacida en un entorno de inmigrantes rusos en Bensonhurst, Brooklyn, Levitt desarrolló desde joven un profundo interés por el arte, el cine y las vanguardias. Tras trabajar en un estudio fotográfico en el Bronx, ingresó a la New York Film and Photo League, donde entabló contacto con Cartier-Bresson. En 1934 adquirió su primera cámara Leica de 35 milímetros y comenzó a inmortalizar las calles de Nueva York, con especial atención a las comunidades marginadas: niños jugando en aceras sin asfaltar, personas en situación de pobreza, gitanos y afrodescendientes. Su enfoque se distinguió por una mezcla de crudeza y sensibilidad, con una narrativa visual clara y emociones profundamente humanas.
El contraste del color y la pérdida
Aunque es reconocida principalmente por su trabajo en blanco y negro, la exposición también exhibe su producción en color, parte de la cual fue destruida tras un robo en su vivienda en 1970. A pesar de ello, las piezas que sobrevivieron permiten apreciar su evolución técnica y estética. El curador Josua Chuang destacó que Levitt siempre privilegió las zonas marginales sobre los espacios urbanos pulidos, capturando un Nueva York olvidado durante las décadas de 1930 y la posguerra.
México: un giro hacia la dureza social
Según Chuang, el viaje a México en 1941 fue un momento clave en su trayectoria. A diferencia de sus fotografías neoyorquinas, donde a menudo se percibe un matiz lúdico o lírico, las imágenes tomadas en la Ciudad de México se caracterizan por su crudeza. “En éstas, a diferencia de las que había hecho en Nueva York, no existe la sensación de juego o lirismo, sino que se trata de escenas crudas, en gran parte de indigentes y de las capas más bajas de la sociedad”, afirmó. Este periodo permitió a Levitt consolidar su lenguaje visual y profundizar en su mirada social.
Legado en las calles
La exposición en Madrid no solo celebra la obra de Levitt, sino que reafirma su influencia en la fotografía documental y de calle. Su capacidad para captar lo cotidiano con profundidad ética y estética la convierte en una figura esencial del siglo pasado. La muestra permanecerá abierta al público hasta el 17 de mayo.
