En octubre de 2013, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, enfrentó lo que podría haber sido el final de su ascenso en el mundo del narcotráfico. Con 47 años cumplidos y tras más de 24 horas retenido en una vivienda de seguridad en El Aguaje, comunidad de Aguililla, Michoacán, aguardaba la llegada de un sicario que, según creía, le daría un disparo de gracia. En ese momento, pensó que sólo un milagro podría salvarle la vida.
Un regreso arriesgado al pueblo natal
Un día antes de su encierro, El Mencho —apodo que surgió porque de niño pronunciaba su nombre como «Ne-mencho»— decidió trasladarse a su lugar de origen, acompañado por sus escoltas. Pese a las advertencias de sus aliados, Los Torcidos, Oseguera Cervantes insistió en el viaje. Según el relato de Ramiro Pozos González, identificado como El Molca o El 07, su propósito era comer en la casa familiar y reunirse con amigos de la infancia antes de continuar con su objetivo de posicionarse como el nuevo líder en el submundo del crimen organizado.
