Elementos de seguridad de la Ciudad de México han detenido a dos hombres acusados de participar en actos de sabotaje contra vehículos al arrojar piedras desde estructuras elevadas en las alcaldías Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo. Los hechos se vinculan con una serie de ataques reportados por conductores que transitan por el Circuito Interior.
El caso que encendió las alertas
El incidente que generó mayor preocupación ocurrió la noche del miércoles 4 de marzo, cuando Daniela, una conductora, circulaba por el tramo de Circuito Interior bajo los puentes de Paseo de la Reforma. De forma repentina, una roca de concreto con forma triangular atravesó el quemacocos de su auto, destrozó el toldo, el parabrisas, el espejo retrovisor y terminó sobre el asiento del copiloto, a escasos centímetros de su cuerpo.
«Sentí un golpe rarísimo, muy extraño. No sabía qué había pasado», relató. «Me tardé un ratillo en ubicarlo. No me dio tiempo ni de pensar».
Una ola de ataques en la zona
Este suceso no es aislado. Vecinos de la colonia San Miguel Chapultepec han registrado al menos cinco eventos similares en lo que va del año en ese mismo corredor vial. Según testimonios locales, uno de estos actos habría derivado en la muerte de un conductor, lo que ha generado alarma entre la comunidad.
Tras el ataque, personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) contactó a Daniela para informarle que se han intensificado los monitoreos en la zona con el fin de identificar a los responsables. No obstante, hasta antes de la detención, no se había hecho pública ninguna aprehensión relacionada directamente con estos hechos.
Daños materiales y miedo entre los automovilistas
«La piedra rompió el toldo, el parabrisas y el espejo retrovisor. También le dio un llegue a la palanca de velocidades, pero el coche seguía andando», detalló Daniela durante su entrevista. A pesar del impacto, decidió no detenerse de inmediato. En movimiento, llamó a una amiga y condujo hasta su domicilio para ponerse a salvo.
Una vez en casa, grabó los daños y compartió los videos en un grupo vecinal, donde descubrió que otros habitantes ya habían reportado incidentes idénticos. «Ahí empezó a correrse la voz. Yo apenas había leído que estaban aventando piedras», señaló.
«Pensé que en cualquier momento iban a llegar a robarme», dice. «También pensé que tenía que detenerme, porque si no el seguro no iba a aplicar».
