Silvia Mazar, poeta y narradora argentina nacida en 1937 en Buenos Aires, ha construido una trayectoria literaria profunda y comprometida, marcada por su participación en talleres, publicaciones y reconocimientos. Aunque se formó como técnica en Fonoaudiología por la Universidad de Buenos Aires en 1957, su verdadera vocación siempre fue la escritura, a la que se dedicó con intensidad desde joven. Colaboró con medios como el diario “La Capital” de Rosario, las revistas “La Espada Rota” de Venezuela y “Norte” de México, y ha sido incluida desde 1982 en múltiples antologías de poesía y narrativa. En 1987 obtuvo el primer premio del concurso de microrrelatos de la revista “Puro Cuento”, un hito que marcó su entrada formal en el mundo literario.
Infancia solitaria y formación literaria
Mazar creció en Caballito, en una casa con estilo art déco construida por su padre, arquitecto. Allí desarrolló una imaginación vívida, observando insectos y relacionándolos con el comportamiento humano. Hija de un matrimonio mixto —madre católica y padre judío—, se sintió diferente desde niña, especialmente al no asistir a misa ni recibir la comunión, algo inusual en su entorno social. A los nueve años, tras mudarse a un departamento en Recoleta, su soledad aumentó. Ya en la escuela primaria comenzó a escribir poemas y cuentos, que guardaba en libretas. En el Liceo de Señoritas Nº 1 conoció a Susana Thénon, con quien compartió afinidad poética y humor satírico. Tras un breve paso por su profesión, abandonó a los 23 años para dedicarse a su primer hijo.
El renacimiento literario en los talleres
En 1982, con la llegada de la democracia en Argentina, Mazar se inscribió en su primer taller literario con Jorge Hacker, quien la impulsó a encarnar a Yerma de Lorca en una representación. Aunque su paso por la escuela de teatro de Villanueva Cosse fue un fracaso, Néstor Romero notó su habilidad para estructurar textos. Continuó formándose con figuras como Silvia Plager, Rodolfo Alonso, Orfilia Polemann y Roberto Cignoni, con quien consolidó una profunda amistad. Con Cignoni y otras escritoras formó el grupo “Rojas de Vergüenza”, realizando performances poéticas improvisadas ante el público.
Reconocimiento y relaciones literarias
Un momento clave en su vida fue una excursión a La Plata en los noventa, donde Ignacio Xurxo, al no reconocerla físicamente pero sí por su obra, le dijo: “No sé quién sos”, y luego gritó de alegría al saber su nombre. Esa reacción, que significó el reconocimiento de su trabajo más allá de su figura, le dio un espaldarazo emocional definitivo. Mazar también compartió una larga relación con el escritor Oscar Tacca, con quien nunca se casó formalmente, pero con quien vivió una profunda conexión afectiva e intelectual. Fue él quien impulsó la publicación de su libro de cuentos “Cuentos del loco amor” (2008), a cambio de que ella promoviera su novela inédita “Crónica de Santibana”.
Creación, estética y preferencias literarias
Mazar ha escrito cerca de setenta cuentos inéditos y una nouvelle titulada “La mitad de arriba”, protagonizada por Mechita Cohen, su alter ego ficcional. Aunque tiene un libro de poemas listo —“Hilos de entonces”—, ha decidido no publicarlo, prefiriendo leerlo en encuentros y ciclos literarios. Para ella, el texto breve es un formato casi ideal: “La brevedad es el alma del ingenio”, cita a Shakespeare. Prefiere llamarlos “textos breves”, ya que no siempre narran una historia, sino que pueden ficcionar una realidad. Entre sus microficciones favoritas destaca la del diálogo: “Niño: ― ¿A qué jugamos? / Niña: ― A nada, / Niño: ― Entonces preparo todo.”
“Admito que Borges (quién se atrevería a discutirlo) en varios de sus cuentos no logra engancharme”
Autores, música y figuras admiradas
Sus géneros favoritos son el cuento y la poesía, aunque ha leído los siete tomos de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust, con quien se siente en diálogo íntimo. Entre sus autores preferidos están Felisberto Hernández, Julio Cortázar, Clarice Lispector, John Cheever y James Joyce. En poesía, destaca a Federico García Lorca, Juan Gelman, Olga Orozco y e. e. cummings. En música, escucha con emoción el Concierto para piano de Tchaikovski desde los seis años, y disfruta de Serrat, Piazzola, Chico Buarque, Sinatra y los Beatles. Lo que más le escandaliza es el mal gusto y la prepotencia. Su figura inolvidable es Sor Juana Inés de la Cruz, a quien admira por su defensa de la libertad y el conocimiento.
Legado y filosofía creativa
Desde hace más de dieciséis años coordina el taller “Gente de Lunes” en la Casa de la Poesía, un espacio abierto y en constante renovación. Para Mazar, corregir textos significa respetar la voz del autor, especialmente en poesía, donde el poema surge de un lugar desconocido del cuerpo. Cree que los relatos no nacen de anécdotas, sino de la piel estremecida. Prefiere el ave Fénix como símbolo personal: “Me niego al golpe bajo, pero sé de qué estoy hablando: por eso el ave que, calcinada, vuelve a renacer con un plumaje nuevo.”
