Artistas, escultores y familiares del reconocido artista duranguense Francisco Montoya de la Cruz rechazaron categóricamente la posible reubicación del monumento ecuestre al general Francisco Villa, instalado desde 1976 en el bulevar que lleva su nombre en la capital del estado. Aunque la autoridad aún no ha confirmado oficialmente el traslado, trascendió que la escultura podría ser movida al municipio de San Juan del Río, lo que generó una fuerte reacción en la comunidad cultural de Durango.
Símbolo de identidad y esfuerzo colectivo
En una rueda de prensa, los manifestantes subrayaron que la obra no solo es un referente artístico, sino un símbolo profundamente arraigado en la identidad de los duranguenses. Josefina Díaz, promotora cultural y exdocente de la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías (EPEA), destacó que la escultura fue el resultado de un esfuerzo colectivo sin precedentes: «Estamos reunidos para protestar por la reubicación de la figura ecuestre del general Francisco Villa, esa escultura se terminó de realizar el 25 de junio de 1975 y fue instalada en su pedestal en 1976, fue una de las obras más grandes realizadas por el maestro Montoya y en ella participaron ex alumnos y ciudadanos que donaron el bronce necesario para su fundición».
La obra fue fundida con llaves y piezas de bronce donadas por la población, e incluso se utilizaron anclas de barcos inactivos traídas desde Veracruz, lo que convierte al monumento en una representación tangible de la participación ciudadana.
Legado artístico y emocional en juego
Francisco Rugo Montoya, hijo del escultor, expresó que la posible remoción de la pieza resulta profundamente dolorosa para la familia y para quienes contribuyeron a su creación. Detalló que para lograr el realismo de la figura ecuestre, su padre realizó estudios minuciosos, incluso observando caballos en el rancho El Chorro para capturar fielmente su postura y fuerza.
«Nos desagrada mucho la ligereza con la que se pretende quitar y poner otra escultura; aquí en Durango no estamos acostumbrados a eso y no lo queremos, es una afrenta a la población y también al turismo que viene a ver esta obra, que ya es parte de la identidad del estado», afirmó.
Llamado a la consulta pública
Los asistentes al encuentro coincidieron en que cualquier decisión sobre el futuro del monumento debe ser precedida por una consulta pública que permita a los ciudadanos de Durango expresar su opinión. Consideran que el traslado no solo afecta el patrimonio artístico, sino también el vínculo emocional que la comunidad ha construido con la obra durante casi cinco décadas.
