El comerciante palestino Alí Nofal, residente en Bogotá, lleva más de tres décadas construyendo una nueva vida en Colombia mientras mantiene viva su identidad de origen. A sus 68 años, este hombre que sobrevivió a la ocupación israelí y pasó casi dos años en prisión sin cargos concretos, ha convertido su tienda de ropa en un espacio de resistencia cultural.
Entre rejas y nuevos horizontes
Nacido en el poblado palestino de Ras Karkar, cerca de Ramala, Nofal abandonó su tierra en los años 80 tras una experiencia traumática: “El hecho de ser palestino ya es motivo para que te metan preso sin causa justa”, denuncia sin reservas. Su hermano Hassan, quien había llegado a Colombia en 1963, lo recibió en Bogotá junto a un tío, marcando el inicio de un nuevo capítulo.
Un imperio hecho desde cero
Su camino en Colombia comenzó en el sector gastronómico, trabajando inicialmente con su hermano. En 1990 lanzó su propio restaurante llamado Alibaba, y cinco años más tarde estableció La Nueva Galería de la Once, un negocio de ropa ubicado estratégicamente en la esquina de la Calle 11 y Carrera 9. Actualmente labora con dos de sus hijos, aunque reconoce: “Quería que siguieran otro camino, pero se quedaron conmigo en esto”.
La identidad como bandera
Su establecimiento no es solo un punto de venta, sino un enclave cultural palestino. Exhibe permanentemente la bandera de su tierra natal, viste la kufiya tradicional y mantiene conversaciones con clientes sobre su herencia. “Israel trata de borrar a Palestina de la historia, pero nosotros debemos cuidar nuestra identidad para que no sea borrada”, asegura con firmeza. Vive junto a su esposa Amal y seis hijos, cinco nacidos en Colombia y uno en Palestina. “Me siento colombiano de corazón, pero palestino de nacimiento”, confiesa.
Una comunidad arraigada
La presencia palestina en Colombia se estima entre 100,000 y 120,000 personas según la embajada palestina en el país. Aunque muchos residen en ciudades como Barranquilla, Nofal destaca la contribución de su comunidad: “Somos gente pacífica, hemos venido a construir, no a destruir. Muchos aportaron a la agricultura, otros a la política, la religión o a los medios de comunicación”, mencionando casos como el periodista Yamid Amat o el senador Feisal Mustafá Barbosa, asesinado por el ELN en 1993.
La herida de Gaza
Desde Bogotá, Alí sigue con angustia la situación en Gaza y Cisjordania. “Israel ha utilizado Gaza como un laboratorio de armas destructivas, está cometiendo un genocidio contra nuestro pueblo”, denuncia. Recibe llamadas desesperadas desde la Franja, como la de su amigo Tariq Al-Barawi en Sheikh Radwan: “La situación aquí es muy difícil. Estamos viviendo una hambruna, comemos lo mismo que le damos a los pájaros. Tenemos miedo de salir a la calle, las bombas pueden caer en cualquier momento”.
Apoyo diplomático en Bogotá
El presidente Gustavo Petro ha sido un aliado clave para la comunidad palestina en Colombia. El mandatario no solo condenó públicamente las acciones del gobierno israelí, sino que también rompió relaciones diplomáticas el 1 de mayo de 2024. “Estoy muy agradecido, ojalá más países sigan su ejemplo”, comenta Nofal, quien también recuerda las palabras del jefe de Estado durante el Día Internacional del Trabajo de 2024: “La humanidad, en todas las calles, está de acuerdo con nosotros. No puede volver la época del genocidio, del exterminio de un pueblo entero ante nuestros ojos. Si muere Palestina, muere la humanidad y no la vamos a dejar morir”.
Entre dos mundos
Alí ha integrado costumbres locales sin abandonar sus raíces. Disfruta de la arepa y el café colombiano, pero encuentra conexiones con su cultura ancestral: “La palabra café proviene del árabe qahwa. La palabra almojábana también viene del árabe: al-muŷabbana”. Concluye con una afirmación contundente que resume su existencia: “Quiero seguir aquí, pero nunca voy a dejar de ser palestino”.
