Evidencia científica sobre el impacto del ejercicio en el Parkinson
Un estudio del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), en colaboración con instituciones de España y Suecia, revela que la actividad física regular disminuye la degeneración de áreas cerebrales afectadas por el Parkinson y mitiga el deterioro cognitivo asociado. Esta investigación, publicada en la revista Neurology, podría modificar los protocolos actuales de tratamiento de la enfermedad.
El trabajo, liderado por los doctores Pablo Mir y Michel Grothe, con la participación de Patricia Diaz-Galvan como investigadora principal, analizó datos de 120 pacientes en etapas iniciales de Parkinson durante un periodo de cuatro años. Los datos provienen de la cohorte internacional Parkinson’s Progression Markers Initiative (PPMI), que recoge información detallada sobre evolución de la enfermedad desde el diagnóstico.
Metodología basada en seguimiento longitudinal y neuroimagen
Los participantes fueron evaluados periódicamente mediante el cuestionario Physical Activity Scale for the Elderly (PASE) para medir sus niveles de actividad física. Además, se les realizaron resonancias magnéticas de alta resolución para analizar cambios en el grosor de la corteza cerebral y el volumen de estructuras profundas como el hipocampo y la amígdala, áreas especialmente sensibles al Parkinson.
“Gracias al análisis de estos datos longitudinales hemos podido observar cómo el ejercicio regular se asocia a una menor pérdida de tejido cerebral en regiones vulnerables al Parkinson”, explicó Patricia Diaz-Galvan, primera firmante del estudio.
Beneficios neuroprotectores del ejercicio
Los resultados mostraron que los pacientes con mayor adherencia a la actividad física presentaban menor atrofia en regiones como la corteza temporal y parietal, así como en estructuras como el hipocampo y la amígdala. Estas áreas son cruciales para funciones cognitivas como la memoria, la atención y el procesamiento emocional.
Los análisis estadísticos revelaron que la preservación estructural del cerebro explicaba parcialmente los mejores resultados en pruebas de memoria verbal, atención sostenida y velocidad de procesamiento de información obtenidos por pacientes más activos. “Estos hallazgos demuestran que la actividad física protege áreas cerebrales esenciales para la cognición y que este efecto neuroprotector es fundamental para retrasar el deterioro cognitivo”, afirmó Pablo Mir, investigador principal.
Implicaciones clínicas y futuras aplicaciones
El estudio enfatiza la necesidad de incorporar programas de ejercicio físico en las etapas iniciales del tratamiento del Parkinson. El uso del cuestionario PASE permitió evaluar hábitos reales de actividad física en contextos cotidianos, facilitando la aplicación práctica de estos hallazgos.
La neuroimagen se posiciona como una herramienta clave para monitorear la evolución de la enfermedad y medir la efectividad de intervenciones no farmacológicas. Esta investigación, financiada por instituciones españolas y europeas, representa un avance significativo en la búsqueda de estrategias integrales para combatir el Parkinson.
