El Cártel de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación (CJNG) han integrado tecnologías de inteligencia artificial en sus operaciones delictivas, según un estudio financiado por la Unión Europea. Esta investigación, desarrollada bajo el proyecto EL PACCTO, destaca que estos grupos han experimentado una «transformación estructural» al incorporar estas herramientas digitales.
Adopción tecnológica por organizaciones criminales
El análisis «Uso de la inteligencia artificial por redes criminales de alto riesgo» fue realizado por el Programa de Asistencia contra el Crimen Transnacional Organizado en Europa y Latinoamérica. Juan Manuel Aguilar Antonio, especialista en ciberseguridad responsable del estudio, señaló que «ambos cárteles han entendido que la IA no es sólo una herramienta técnica, sino una infraestructura operativa que permite mantener el control simbólico sobre personas, flujos financieros y territorios virtuales».
Estrategias específicas del CJNG
Según los hallazgos presentados, el CJNG ha implementado esquemas de extorsión automatizados utilizando clonación de voz y bots conversacionales. Estas herramientas están diseñadas para «detectar patrones emocionales en las respuestas de su víctima y ajustar su tono o contenido en tiempo real», permitiendo la obtención de recursos económicos sin intervención humana directa.
Métodos del Cártel de Sinaloa
El estudio indica que el Cártel de Sinaloa ha enfocado sus esfuerzos en técnicas de suplantación identitaria mediante deepfakes, traducción algorítmica y geolocalización. Además, se ha identificado una «infraestructura de triangulación con operadores chinos» que facilita el traslado de criptomonedas desde América hacia Asia, reintegrando recursos ilícitos al sistema financiero legal.
Reconfiguración de la estructura criminal
El investigador destaca cambios significativos en la organización de estos grupos, donde «expertos en software, desarrolladores de deepfakes, ingenieros de datos y especialistas en criptomonedas coexisten con sicarios, halcones o mulas en la economía delictiva ampliada». Aguilar concluye que «la violencia ya no opera únicamente desde la presencia armada, sino desde la simulación digital, la automatización del daño y la ocupación cognitiva».
