La irrupción de la inteligencia artificial en las estrategias comerciales redefine la relación entre marcas y público. Este fenómeno sitúa al consumidor en una posición compleja y dual. De un lado, obtiene beneficios claros: procesos más ágiles, adquisiciones ajustadas a sus necesidades y entornos adaptados a sus preferencias individuales.
Un poder compartido
La automatización del marketing transforma al cliente en un actor pasivo y activo al mismo tiempo. Si bien disfruta de comodidades derivadas del análisis predictivo y la personalización, también cede control sobre sus datos y patrones de comportamiento. Esta dinámica genera tensiones entre conveniencia y privacidad.
