Durante más de 30 años, el sacerdote italiano Gabriele Amorth se convirtió en la figura más reconocida del exorcismo dentro del Vaticano. Su labor lo enfrentó a numerosos casos que describió como verdaderas manifestaciones del mal, entre los que destacó uno especialmente impactante: un joven poseído por una fuerza que se reveló como el mismísimo diablo.
Una vida antes del sacerdocio
Antes de dedicarse a la vida religiosa, Amorth tuvo una trayectoria diversa: participó en deportes como la esgrima y el baloncesto, combatió en la Segunda Guerra Mundial, estudió Derecho y Periodismo, y se involucró en la política con el Partido Demócrata Cristiano. En 1954 fue ordenado sacerdote, y en 1986 recibió de forma inesperada el encargo de realizar exorcismos tras una visita al cardenal Ugo Poletti.
Este nombramiento marcó el inicio de una nueva etapa en su vida, centrada en uno de los ministerios más intensos dentro de la Iglesia católica.
Batallas espirituales diarias
Su primer exorcismo oficial tuvo lugar en 1987, cuando atendió a un joven campesino que gritaba blasfemias en inglés mientras otra voz las traducía simultáneamente. Desde entonces, se enfrentó a fenómenos que afirmaba desafiar toda explicación racional: mujeres sin formación académica que pronunciaban insultos en arameo, una lengua antigua del Medio Oriente.
Amorth dominaba las 21 reglas del Rituale Romanum, el manual de exorcismos redactado en 1614. En su apogeo, llegó a realizar entre 10 y 15 exorcismos al día, aunque en sus últimos años redujo la carga a cinco. La alta demanda lo obligó a establecer una hora semanal para recibir llamadas mediante un mensaje en su contestador.
A lo largo de su vida, aseguró haber llevado a cabo más de 60,000 exorcismos, además de fundar la Asociación Internacional de Exorcistas y escribir múltiples libros. En El último exorcista, describió cada ritual como una auténtica guerra espiritual.
El encuentro con Belcebú
Uno de los casos más escalofriantes ocurrió en 1997, cuando atendió a un joven italiano acompañado por su sacerdote y un traductor. Aunque el muchacho era hablante nativo de italiano, comenzó a proferir maldiciones en un inglés impecable al escuchar el nombre de Jesús. Luego escupió a Amorth, y solo guardó silencio cuando el sacerdote pronunció la fórmula latina Praecipio tibi.
Lo que siguió fue descrito como una escena de puro terror: el joven empezó a babear, aullar y gritar, giró la cabeza en dirección contraria, puso los ojos en blanco y arqueó el cuerpo. La temperatura en la habitación bajó abruptamente, formando cristales de hielo en las ventanas. Al exigirle al ente que revelara su nombre, la respuesta fue contundente:
«Diablo»
.
Tras ordenarle que abandonara el cuerpo, el joven experimentó una breve levitación antes de desplomarse en una silla. Este episodio fue documentado en el libro El diablo me teme (2020), y se convirtió en uno de los más recordados de su carrera.
Gabriele Amorth falleció en septiembre de 2016 a los 91 años, dejando tras de sí un legado marcado por el combate contra lo que él consideraba el mal absoluto.
