El exmandatario de la Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, afirmó que la sanción impuesta por el beso sin consentimiento a la futbolista Jenni Hermoso durante la celebración del Mundial Femenino 2023 fue producto de una campaña orquestada por intereses ajenos al deporte. En una aparición televisiva, el ahora exfuncionario calificó el caso como un asunto politizado y distorsionado, al tiempo que reiteró su decisión de apelar la resolución judicial.
Defensa pública y rechazo a la condena
Rubiales utilizó su participación en un programa deportivo para presentar su postura tras meses de silencio, aprovechando también para promover su libro Matar a Rubiales. Se mostró firme en su intención de impugnar la multa de 10,800 euros y la orden de alejamiento de un año emitida por las autoridades judiciales.
“Sí, he apelado la sentencia. Cuando hay una sentencia, todos tenemos la obligación de acatarla,” dijo. “Creemos que esto no es agresión sexual, y tenemos el derecho de apelar. Hubo una modificación tremenda y desproporcionada. Se le llamó ‘beso no consensuado.’ Tiene que llegar al Tribunal Supremo. Tiene que haber intención sexual en el beso. Tenemos nuestros argumentos para decir que hubo un acto indebido, pero no un delito.”
El Tribunal Superior de Justicia de España lo declaró culpable de agresión sexual en febrero de 2025 por el beso dado a Hermoso tras la final del Mundial Femenino frente a Inglaterra, celebrada en Sídney. No obstante, fue absuelto del cargo de coacción, relacionado con las acusaciones de haber presionado a la jugadora para que respaldara su versión.
Un acto inapropiado, pero no criminal
El exdirigente reconoció que su conducta no fue la adecuada, aunque insistió en que fue magnificada fuera de proporción.
“Fue un error, no estuve acertado. De ahí a todo lo que se ha exagerado, distorsionado, llevado al extremo… con ciertos intereses. Es más de lo que merecía”, dijo. “Lo mantengo. Pido disculpas, vuelvo a pedir disculpas. Como presidente, debería haber sido más sereno, más profesional.
Argumentó que la relación con Hermoso era de amistad y que el beso fue un gesto espontáneo de celebración, sin ninguna intención sexual.
“No me disculpo con Jenni Hermoso porque le pregunté y ella dijo: ‘Está bien’. Jenni y yo sabemos que lo que dice la sentencia no es cierto. Fue un beso de emoción, sin connotación sexual alguna. Jenni era una buena amiga, falló un penalti… nos ayudó mucho a reconstruir el equipo. Jenni era mi amiga.”
Acusaciones de presión mediática y política
Rubiales responsabilizó a sectores de la política y los medios de comunicación de haber impulsado su caída. Denunció que medios afines a posturas de izquierda lo atacaron de forma sistemática, y que el gobierno de Pedro Sánchez utilizó el escándalo como distracción política.
“Vi un movimiento inmediato por parte de la extrema izquierda en este país, con un cambio inmediato de guion,” dijo. “Pedro Sánchez necesitaba el apoyo de los separatistas para ser investido como primer ministro, y tuvo que concederles la amnistía. Le convenía hablar de otra cosa. Fue una cortina de humo.
Agregó que los medios que reciben financiamiento de la liga también lo atacaron, y acusó a estos sectores de hipocresía y de exagerar un incidente menor.
“Los medios de comunicación que reciben financiación significativa de la liga me atacaron. Vi que la extrema izquierda, con su hipocresía de exagerar un tema menor… claramente iban tras de mí.”
Renuncia bajo presión
El exjefe del fútbol español reveló que su salida de la RFEF no fue voluntaria en sentido estricto, sino que respondió a una amenaza directa contra su equipo de trabajo.
“Un intermediario de la Secretaría de Estado para el Deporte me dijo que si no renunciaba, todo mi equipo sería despedido”, añadió. “Que hablarían con la FIFA e intervenirían a nivel civil y harían lo que fuera necesario para ir tras de mí y de todo mi equipo. Lo hice por el grupo de personas que me apoyaron. Por eso renuncié.”
Con su caso ahora en manos del Tribunal Supremo de España, Rubiales mantiene que continuará su batalla legal y mediática para restablecer su reputación. El caso sigue siendo uno de los más controvertidos en la historia del fútbol español, opacando el logro histórico de la selección femenina al conquistar su primer Mundial.
