En tiempos recientes se ha intensificado una ofensiva conservadora que busca desmantelar avances en materia de derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTIQ+, mediante discursos y políticas públicas que promueven una visión rígida y binaria del género. Esta corriente, conocida como narrativa antifeminista, no solo se expresa en espacios culturales, sino que también se traduce en decisiones gubernamentales con impacto directo en la vida de millones de personas.
Una política de control sobre los cuerpos
El concepto de «policía del género» alude a una vigilancia constante sobre la expresión de género, la identidad, la apariencia y el comportamiento de las personas, con el fin de verificar su conformidad con las normas sociales establecidas. Esta vigilancia no sólo proviene de instituciones estatales, sino que puede ser ejercida por cualquier individuo en contextos cotidianos, castigando a quienes se desvían de lo que se considera «normal» en términos de feminidad o masculinidad.
El género, entendido como una estructura normativa, no solo impone requisitos para ser reconocido como hombre o mujer, sino que también aplica sanciones —sociales, emocionales, físicas— a quienes no cumplen con dichas expectativas. Esto delimita las posibilidades de existencia y restringe las libertades individuales, jerarquizando cuerpos e identidades en la construcción social del sentido.
Expresiones culturales y políticas estatales del retroceso
En el ámbito cultural, han surgido tendencias como las Trad Wife (esposas tradicionales), que promueven un modelo de mujer heterosexual, cisgénero, enfocada en lo doméstico y la maternidad. Asimismo, declaraciones machistas difundidas por figuras públicas, como las de El Chicharito bajo el disfraz de «coaching», refuerzan la superioridad masculina. Otro ejemplo son ciertos podcasts asociados a la ideología incel, que presentan a los hombres célibes como víctimas del feminismo, retratándolo como un movimiento que odia a los hombres —una narrativa que se expone aquí con ironía crítica—.
En el ámbito institucional, gobiernos como los de Trump, Milei y Bukele han promovido reformas que rechazan la perspectiva de género, el lenguaje incluyente, el reconocimiento de la identidad trans y la enseñanza de teorías feministas, queer y de género en espacios académicos. La propuesta de Milei de eliminar el delito de feminicidio del código penal argentino, argumentando que va contra la igualdad entre géneros, es un claro ejemplo de cómo estas políticas afectan derechos ya conquistados. Las medidas transfóbicas implementadas por Trump no sólo han perjudicado a personas trans, sino también a personas cisgénero.
Resistencia frente al retroceso
A pesar del avance de estas narrativas conservadoras, existe un sector significativo de la sociedad que está informado, organizado y politizado. Mujeres y comunidades LGBTIQ+ han demostrado a lo largo de la historia su capacidad de resistencia, lucha y transformación social. Frente a quienes buscan imponer moralismos regresivos, otras personas trabajan activamente en procesos de desmantelamiento del patriarcado.
«Mientras unos moralizan, otrxs despatriarcalizan.»
