Kevin Doran, obispo de Achonry en Irlanda, durante una homilía en la Iglesia Universitaria Newman de Dublín con motivo de la próxima «Marcha por la Vida», aseveró que el aborto causa un daño profundo a las mujeres y representa una negación de la verdad.
La intersección entre ciencia y fe
El prelado, también teólogo y bioeticista, abordó la relación entre la ciencia y la fe, enfatizando que no hay conflicto entre ambas. Sostuvo que el punto de partida de la fe es la Palabra revelada de Dios, que para los cristianos se completa en la persona y enseñanza de Jesús.
Doran subrayó que los avances científicos permiten constatar que la identidad genética de un nuevo individuo se establece desde la fecundación, describiendo lo que sigue como «un asombroso proceso de crecimiento y desarrollo». Afirmó que negar la continuidad esencial entre el embrión y el bebé nacido meses después equivale a negar la verdad.
El alma como principio de vida
Al evocar a filósofos griegos como Aristóteles, Sócrates y Platón, señaló que en todo ser vivo debe existir un principio primero de vida que explique y gobierne toda su actividad. «La acción humana —continuó— incluye el razonamiento complejo y la formación de conceptos, realidades que trascienden los límites del mundo material».
Esto, según el obispo, llevó a muchos de esos pensadores a concluir que el principio primero de vida en el ser humano debe ser un alma espiritual. En definitiva, afirmó que incluso en un cuerpo tan pequeño como el de un embrión debe existir un alma que explique y oriente todo su crecimiento y desarrollo a lo largo de la vida.
Consecuencias del aborto y responsabilidad pública
A la luz de estas consideraciones, Doran señaló que el aborto «no solo mata a los bebés», sino que también «hiere a las mujeres en lo más profundo de su ser», y provoca «un daño moral y espiritual incalculable en quienes lo promueven o participan en él, precisamente porque va contra la verdad».
En relación con la presentación de un nuevo proyecto de ley para ampliar la disponibilidad del aborto en el país, se preguntó por las razones por las que algunos representantes públicos parecen decididos «a ignorar la verdad o incluso a negarla por completo». Apeló a la responsabilidad de los católicos de conocer el Evangelio de la vida y dar testimonio de él con confianza, tanto en la vida privada como en el ámbito público.
Subrayó la necesidad de encontrar nuevas formas de ofrecer apoyo a las mujeres en crisis durante el embarazo o después del nacimiento de un hijo. Finalmente, recordó la invitación del Papa León XIV: «La Iglesia está llamada a llegar a todos los pueblos, no imponiéndose, sino dando testimonio de la verdad con caridad».
