La industria automotriz de Estados Unidos, junto con legisladores de ambos partidos, ha hecho un llamado urgente al presidente Donald Trump para que rechace cualquier acuerdo que permita el acceso de vehículos chinos al mercado estadounidense. Esta petición se produce en vísperas de una reunión entre Trump y el presidente chino Xi Jinping.
Preocupación por declaraciones anteriores
En enero de este año, Trump expresó en el Club Económico de Detroit que sería «fantástico» que los fabricantes de vehículos chinos construyeran plantas en Estados Unidos y emplearan a estadounidenses, afirmando: «Me encanta. Que entre China, que entre Japón». Estas declaraciones generaron alarma en un sector que históricamente ha presionado para mantener fuera a los autos chinos mediante aranceles elevados y normas de seguridad de datos.
Llamado bipartidista en el Congreso
La senadora demócrata Elissa Slotkin, de Michigan, asistió a un foro en Detroit para pedirle directamente a Trump que no concrete un acuerdo con Xi que facilite la inversión china en la industria automotriz estadounidense. Slotkin declaró: «Por favor, no haga un mal trato». Junto con el senador republicano Bernie Moreno, de Ohio, promueve la Ley de Seguridad de Vehículos Conectados, que busca prohibir explícitamente los vehículos chinos por riesgos en la recolección de datos.
Esta iniciativa legislativa, que tiene una versión similar en la Cámara de Representantes, consolidaría una norma implementada durante el gobierno del expresidente Joe Biden, lo que dificultaría su revocación. El proyecto en la Cámara iría más lejos, prohibiendo también asociaciones industriales con empresas de China.
Unidad del sector industrial
Fabricantes de automóviles, proveedores, siderúrgicas y sindicatos han intensificado sus esfuerzos, argumentando que los fabricantes chinos, con apoyo estatal masivo, escala de producción enorme y precios bajos, podrían desplazar a los productores locales y extranjeros, debilitando la base manufacturera de Estados Unidos. Representantes de la industria enviaron comunicados en marzo y abril advirtiendo que los planes de China representan una «amenaza directa para la competitividad global, la seguridad nacional y la base industrial automotriz de Estados Unidos».
Los representantes Debbie Dingell (demócrata) y John Moolenaar (republicano), ambos de distritos con fuerte presencia automotriz en Michigan, emitieron un comunicado conjunto señalando: «Cada vehículo en las carreteras estadounidenses es un dispositivo móvil de recolección de datos… y no podemos permitir que los vehículos o componentes chinos formen parte de ese sistema». Un grupo de 74 demócratas y 52 republicanos de la Cámara firmó cartas instando a Trump a no permitir el ingreso de los fabricantes chinos.
Posición gubernamental y riesgos futuros
El Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, afirmó en abril que no existen planes para modificar la normativa sobre vehículos conectados y que el sector automotriz no está en la agenda de la cumbre de Pekín. El Secretario de Comercio, Howard Lutnick, también ha descartado las inversiones chinas en este sector.
No obstante, Scott Paul, presidente de la Alianza para la Manufactura Estadounidense, manifestó su preocupación de que Trump, quien frecuentemente habla de atraer plantas de ensamblaje, pueda actuar unilateralmente. Paul señaló que «ha dejado margen de maniobra en lo que respecta al sector automotriz». Cualquier planta que se apruebe tardaría entre dos y tres años en iniciar producción, lo que dejaría las consecuencias para el sucesor de Trump.
