Un tribunal federal resolvió que el Ayuntamiento de Mérida debe dar una respuesta clara y fundamentada a la petición de personas mayas y racializadas para retirar el monumento a los Montejo del Paseo de Montejo, tras una contestación previa del municipio que alegaba inviabilidad económica.
Una respuesta insuficiente
La demanda, presentada desde 2024, recibió inicialmente una respuesta municipal escueta y sin sustento, argumentando que atender la solicitud tenía un costo demasiado alto. Para los peticionarios y las organizaciones Kanan Derechos Humanos y RacismoMX, esta justificación es más un pretexto que una explicación real.
Desde su instalación en 2010, el monumento ha sido objeto de críticas por considerarse un símbolo de racismo, clasismo y la violencia histórica contra el pueblo maya, al venerar figuras asociadas al proceso de colonización y genocidio de los pueblos originarios.
Un símbolo de opresión persistente
La estructura no es vista como patrimonio histórico genuino, sino como una imposición que refleja una mirada clasista y racista aún vigente en Yucatán, particularmente en sectores vinculados a la antigua ‘Casta Divina’. La exigencia de su retiro se enmarca en la búsqueda de justicia sociocultural y de bases nuevas para una sociedad más incluyente y equitativa.
La negativa a removerlo, según el texto, evidencia la persistencia de un orden sociocultural colonialista y la continuidad de estructuras opresivas contra las personas mayas y racializadas. Esta opresión trasciende lo simbólico y se sostiene en estructuras racistas, patriarcales, machistas y clasistas.
La lectura hispanista de la historia
El monumento promueve una visión hispanista y colonialista de la historia regional, cuyos valores se utilizaron para oprimir al pueblo maya y ‘justificar’ lo que se describe como el mayor genocidio de la humanidad en América durante la invasión y colonización, un hecho estudiado y documentado por la historiografía crítica.
Hacia una Mérida renovada
El autor plantea que el renacimiento de Mérida requiere una nueva lectura de la realidad que reivindique, simbólica y materialmente, a los grupos vulnerados como el pueblo maya. Mientras se exhiban imágenes y monumentos que representan violencia y racismo como patrimonio, el pensamiento colonialista permanecerá.
La conclusión subraya que no se puede hablar de una ciudad justa e incluyente si sus símbolos celebran la barbarie y la injusticia. El retiro del monumento se presenta no como una cuestión de costos o patrimonialista, sino como un deber ético, moral e histórico para construir un Yucatán para todos. El artículo cierra con un llamado a decir adiós a los Montejo.
