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Procesos burocráticos en México: un lastre para la competitividad, según consultor

La calidad de una nación se refleja en la experiencia de sus ciudadanos al realizar trámites gubernamentales, afirmó el consultor Oscar Peinado, quien señaló que los procesos lentos, burocráticos y poco predecibles representan un obstáculo para la competitividad de México. En su columna, Peinado relató experiencias personales en México y otros países de América Latina para ilustrar cómo la ineficiencia administrativa puede normalizar los atajos y afectar la economía.

Peinado, quien se define como apartidista y con experiencia en auditoría de procesos en empresas de distintos sectores y países, explicó que ha realizado trámites municipales, estatales y federales en México, así como gestiones en Colombia, Perú, Ecuador, Brasil y Venezuela. En todos estos lugares, dijo, encontró un problema recurrente: procesos lentos, burocráticos y poco predecibles. Aclaró que no critica a los servidores públicos, sino a los procesos mismos, que parecen avanzar con extrema lentitud hasta que aparece un gestor o “agilizador” que puede resolver en horas lo que llevaba semanas o meses.

Experiencias que reflejan un problema sistémico

Peinado relató que hace años inició el registro de capacitación ante una dependencia federal mexicana. Tras varios meses de espera, recibió una observación documental, corrigió el expediente y reinició el procedimiento. Meses después, otra observación indicó que un documento había perdido vigencia debido al tiempo que tomó la revisión, lo que regresó el trámite al punto de partida. Mientras tanto, conoció casos de personas cuyos expedientes avanzaban mucho más rápido mediante gestores especializados. “La sensación que queda es que quien sigue el proceso ordinario termina esperando mucho más que quien encuentra un camino alterno”, escribió.

Otra experiencia ocurrió en la frontera entre Colombia y Venezuela, donde necesitaba el sello migratorio en su pasaporte. La respuesta oficial fue que el sistema estaba fuera de servicio y el trámite podría tardar alrededor de ocho horas. Mientras esperaba, una persona le ofreció resolverlo en pocos minutos por 100 dólares, sin fila y sin complicación. Peinado decidió esperar y concluyó: “cuando los procesos son deficientes, la agilización termina por normalizarse; el atajo deja de ser la excepción y se convierte en el verdadero sistema operativo”.

Impacto en la competitividad nacional

El consultor vinculó esta falta de eficiencia con la economía del país. Citó el Índice de Competitividad Mundial 2026, elaborado por el Institute for Management Development (IMD) de Suiza, que ubicó a México en el lugar 62 de 70 economías, siete posiciones por debajo del año anterior. México quedó por debajo de Chile, Argentina, Colombia y Perú, y muy lejos de economías como China e India. El índice evalúa la eficiencia gubernamental, la fortaleza institucional, el entorno para hacer negocios y variables relacionadas con la transparencia y la percepción de corrupción.

Peinado señaló que cada trámite retrasado innecesariamente, cada requisito que cambia sin explicación y cada ciudadano que siente que necesita un intermediario representan un pequeño costo. “Cuando esas experiencias se multiplican miles de veces todos los días, dejan de ser un problema administrativo y se convierten en un obstáculo para la competitividad nacional”, afirmó. Añadió que detrás de cada trámite hay una empresa que quiere invertir, un emprendedor que busca cumplir con la ley, una familia que necesita resolver un problema o un ciudadano que simplemente quiere hacer las cosas correctamente.

El consultor concluyó que la mayoría de los problemas no nacen de las personas, sino de los procesos. “Cuando un proceso genera retrasos innecesarios, incertidumbre o incentivos para buscar atajos, pierde el ciudadano, pierde la institución y pierde el país”, escribió. Hizo un llamado a los servidores públicos a mantener su profesionalismo, pues cada trámite resuelto con eficiencia y cada ciudadano atendido con respeto tienen un valor enorme. “La verdadera transformación de una nación no comienza en los discursos ni en las campañas políticas. Comienza cuando un proceso funciona como debería: con transparencia, eficiencia, tiempos definidos y el mismo trato para todos”, sentenció.

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