El Museo del Louvre reabrió al público la Galería de Apolo, la misma que fue escenario del robo de las Joyas de la Corona el pasado 19 de octubre. Sin embargo, en esta ocasión el espacio no exhibe ninguna de las piezas de valor sustraídas, por lo que los visitantes solo pueden apreciar la decoración interior del recinto.
La reapertura se da meses después de que un comando de cuatro personas utilizara un montacargas para acceder a la galería desde un balcón. Desde diciembre, esa entrada quedó protegida con una reja de seguridad. A raíz del atraco, el museo aceleró la instalación de medidas como un puesto móvil de policía dentro del recinto y la mejora de la videovigilancia perimetral, aunque las autoridades reconocen que modernizar la seguridad en un inmueble de 30 hectáreas es un proceso que tomará tiempo.
Reacciones de los visitantes
Entre los primeros en recorrer la galería estuvo Aron, un turista alemán que fotografió el lugar. «Creo que ahora resulta aún más interesante visitarlo, porque pensar en lo que ocurrió aquí y estar donde se llevó a cabo uno de los mayores atracos, quizá el mayor, de esta década, lo hace aún más místico», opinó en declaraciones a EFE.
En contraste, Nicole, una turista de Nueva Jersey, dijo a EFE que para ella «era más interesante cuando las joyas estaban allí». «Me entristece un poco saber que ya no están ahí, pero no sé qué pensarán los demás. Al ser algo de actualidad, que salió en las noticias, estoy segura de que a algunas personas les puede resultar interesante», añadió.
James, un australiano que visitó el palacio con un grupo de amigas, comparó el suceso con una película: «Es como ‘Ocean’s 11’, como una película; como si fuera un plató… pero todo ha sucedido en la vida real». «Yo iría de todos modos. Habrá muchas cosas preciosas que ver dentro… ¡no solo son las joyas!», afirmó.
El futuro de las joyas y el legado del robo
Según adelantó el diario Le Parisien, las joyas que no fueron robadas serán trasladadas a un nuevo espacio de máxima seguridad, sin ventanas, dentro del museo. No volverán a exhibirse hasta que esa sala esté terminada. Mientras tanto, la Galería de Apolo permite contemplar las pinturas y decoraciones de Charles Le Brun y otros artistas de los siglos XVII y XIX.
Las ocho piezas sustraídas —collares, tiaras, relicarios y broches con piedras preciosas— tienen un valor económico estimado de unos 88 millones de euros, aunque su valor patrimonial es incalculable. Hasta ahora no han sido recuperadas, pese a que los cuatro integrantes del comando fueron detenidos y están presos.
El Louvre ha sido robado en otras cuatro ocasiones: en 1911, cuando sustrajeron la ‘Gioconda’ de Da Vinci; en 1983, con dos armaduras renacentistas; en 1995, con el robo de tres obras en varios meses; y en 1998, cuando desapareció el cuadro ‘Le Chemin de Sèvres’, que nunca se recuperó.
