Los bomberos de España y Francia enfrentan este martes horas críticas para contener incendios forestales de proporciones históricas, mientras una nueva ola de calor amenaza con avivar las llamas. Los siniestros han consumido más de 120 mil hectáreas en ambos países, destruido cientos de viviendas y obligado a desalojar a cientos de miles de personas, entre residentes y turistas.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, afirmó que el país empieza a ver la luz al “final del túnel”, aunque advirtió que quedan “horas especialmente complejas” por delante. El Gobierno español mantiene la emergencia nacional desde la semana pasada ante algunos de los peores incendios forestales de su historia, que arden en la región de Madrid, las provincias de Ávila y Toledo, y Castellón, en el este.
Optimismo moderado entre los evacuados
El ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, declaró a la televisión pública que “hoy podemos estar un poco más tranquilos”, pero recalcó que “estamos en unas horas críticas, hablamos de un momento fundamental en el que es necesario trabajar para adelantarse a la llegada de una nueva ola de calor”. Los servicios meteorológicos de ambos países prevén un aumento de temperaturas acompañado de viento, lo que podría reavivar los incendios.
En Aldea del Fresno, a 50 kilómetros al oeste de Madrid, decenas de habitantes hacían fila en sus coches esperando el permiso de la Guardia Civil para regresar a sus hogares. Galia Borisova, una empleada doméstica de 55 años, declaró que no los dejan pasar “por el humo, dicen que hay mucho humo y que ni con mascarilla se puede respirar”. La mujer tuvo que dejar atrás a sus animales y dijo que lleva muy mal “cómo están”.
Algunos evacuados ya han podido volver a sus casas y negocios, aunque en muchos casos los encontraron reducidos a cenizas. María Ángeles Cañete, de 54 años, declaró a la AFP: “Hemos perdido todo”. Junto con su esposo, era dueña del camping Pantano del Burguillo, en Ávila, y de otro cercano. “No tenemos nada”, lamentó.
Francia estabiliza un megaincendio, pero el calor amenaza
En Francia, el megaincendio que arrasó 42 mil hectáreas en el suroeste, cerca de Burdeos, está “estabilizado”, pero el aumento previsto de temperaturas lo puede agravar. Las autoridades desalojaron este martes a otras 4 mil personas de alojamientos turísticos de Lacanau, que se suman a los 220 mil evacuados desde el 22 de julio por este incendio, el peor desde 1949.
Desde enero ardieron 92 mil hectáreas en el país, un récord en 20 años, según datos satelitales del sistema europeo EFFIS. Para España, la cifra se eleva a 207 mil hectáreas desde comienzos de año, muy cerca del máximo histórico. En ambos casos, los fuegos son consecuencia de la mayor inflamabilidad de los bosques y la vegetación por la sequía y las olas de calor excepcionales que se suceden desde junio, fruto del cambio climático.
El presidente francés, Emmanuel Macron, reconoció el lunes que “las próximas semanas serán duras”. La oposición critica su balance en materia de seguridad civil a tan solo unos meses de elecciones, previstas en abril y en las que la extrema derecha parte como favorita en los sondeos.
Turistas y comercios, en la cuerda floja
En Arès, a 30 kilómetros de Burdeos, Jérôme Elies, dueño de un negocio de alquiler de bicicletas, calcula pérdidas: “Creo que estoy aproximadamente a 25 mil euros de pérdida”. El fuego se detuvo a cincuenta metros del establecimiento, pero los turistas han hecho las maletas y las cancelaciones se suceden.
Carole Maret, creadora de joyas, lamentó que el éxodo de turistas “ha arruinado la temporada” y auguró que “habrá muchas quiebras”. No obstante, en el país se ha creado una ola de solidaridad. Jean-Luc Gleyze, presidente del departamento de Gironda, la región vinícola donde se encuentra Burdeos, explicó: “Todo el mundo está igualmente sumido en un gran trauma”. Bajo una carpa o dentro de camiones de comida, varias personas cortaban el lunes cebollas y zanahorias para los platos que preparan para los bomberos y afectados por la tragedia.
