El anuncio de la FIFA de crear una empresa para captar inversión privada, la FIFA Forward Enterprise (FFE), generó un aluvión de críticas de federaciones, políticos y organismos internacionales, que denuncian falta de transparencia y el riesgo de que el fútbol se convierta en un producto de especulación.
La UEFA, confederación que agrupa a las federaciones europeas, fue tajante al señalar que «el alma y la gobernanza del fútbol no son activos con los que se deba especular, sobre todo sin transparencia sobre el destino de los beneficios financieros». En un comunicado, el organismo europeo sentenció: «Ninguno de nosotros es propietario del fútbol. No es tarea de la FIFA venderlo».
Descontento entre las confederaciones
La Concacaf, que reúne a las federaciones de Norte, Centroamérica y el Caribe, expresó su malestar por haber sido informada del proyecto a través de los medios de comunicación. «Estamos profundamente preocupados por la ausencia de un proceso reglamentario. Compartimos la decepción de muchos actores de nuestra región y del mundo del fútbol», indicó en un comunicado.
La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) también criticó la falta de consulta. «La AFC no fue consultada sobre esta propuesta y está decepcionada porque un asunto de semejante importancia se haya hecho público antes de que los miembros que forman la familia de la AFC tuvieran la oportunidad de examinar y conversar sobre el proyecto», señaló.
La Federación Inglesa de Fútbol (FA) se sumó a las críticas: «No estábamos en absoluto al corriente de esta propuesta y no disponemos de ningún detalle sustancial. Estamos profundamente preocupados por la ausencia de un proceso y de una gobernanza que ha llevado a esta situación».
Voces desde la política y los aficionados
El ex presidente de la FIFA, Sepp Blatter, lanzó una dura acusación en la red social X: «La estrecha relación entre el presidente de la FIFA y el presidente de Estados Unidos ha adquirido una dimensión financiera que causa un grave perjuicio al fútbol. Nadie tiene derecho a vender nuestro deporte».
Andy Burnham, primer ministro británico, también se pronunció en X: «El fútbol no pertenece a inversores» sino a aquellos «que llenan las tribunas y que están en los bordes del terreno semana tras semana, llueva o haga sol. El Mundial no es un producto. Es la competición más grande del deporte mundial y nunca le ha pertenecido a nadie para ser vendido».
El presidente de la Federación Francesa (FFF), Philippe Diallo, declaró en France Inter: «Hemos descubierto a través de un comunicado de prensa un proyecto muy importante sobre el que no teníamos ningún detalle. Y que genera muchos interrogantes sin que las federaciones, que son miembros, dispongan de ningún elemento particular para poder pronunciarse sobre asuntos que son fundamentales para el futuro del fútbol».
Javier Tebas, presidente de LaLiga española, fue contundente en X: «Las competiciones y los derechos comerciales de FIFA no son patrimonio personal de Infantino. Quien mezcla política, disciplina, dinero y poder sin transparencia no puede liderar nada. Infantino no es la solución a la gobernanza de FIFA. Es el problema».
Reacciones desde Estados Unidos y la Unión Europea
La Unión Europea, a través del comisario de Equidad Intergeneracional, Juventud, Cultura y Deporte, Glenn Micallef, advirtió en X: «Estas propuestas plantean cuestiones importantes respecto al derecho de competencia. Dentro de las competencias que le atribuyen los tratados, la Comisión Europea examinará estas propuestas con atención. No toquen nuestro deporte».
Representantes demócratas de la comisión judicial de la Cámara de Representantes en el Capitolio también reaccionaron en X: «Parece que el falso Premio de la Paz y el gigantesco alquiler acordado en la Trump Tower no fueron suficientes. Ahora, Gianni Infantino intenta el hat-trick buscando un acuerdo con el hermano de Jared Kushner para vender partes de los derechos comerciales del Mundial a inversores privados. Los fans del fútbol, que ya quedaron privados del Mundial por los precios excesivos, ven ahora cómo los intereses de oligarcas y grandes empresas empañan todavía más la belleza del juego».
La Asociación de aficionados de fútbol (FSA) se declaró en pie de guerra: «Muchos aficionados volvieron del Mundial pensando que la FIFA no podía hacer mucho más para terminar de destruir lo que aman en la competición más grande del fútbol. Menos de dos semanas después del pitido final, demuestra que siempre se puede caer más bajo. Haremos todo lo que esté en nuestro poder para combatir esta nueva decisión y todas aquellas que pongan en grave peligro el futuro del fútbol en beneficio de ganancias comerciales a corto plazo».
