Javier, un joven que llegó a México de forma solitaria desde Honduras a los 13 años, logró convertirse en licenciado en derecho tras superar los peligros de la ruta migratoria. Tras once años de su llegada, el hombre, quien utiliza un nombre ficticio para proteger su identidad, reside actualmente en Aguascalientes y ejerce su profesión en un despacho legal.
La travesía de Javier comenzó en 2015, motivada por amenazas contra su familia en su país de origen. Con muy poco dinero y siguiendo indicaciones de un primo por teléfono, el menor enfrentó peligros extremos durante 13 días de viaje, incluyendo extorsiones y el riesgo de viajar en el tren conocido como ‘La Bestia’ en Tabasco.
Apoyo institucional y superación
Al llegar a la zona norte del país, el joven buscó refugio en un albergue. Gracias a la intervención de organizaciones de la sociedad civil, autoridades locales y la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), pudo recibir la protección necesaria. El proceso incluyó su reubicación en una vivienda donde recibió acompañamiento psicoemocional y se le integró al sistema educativo.
Durante un encuentro privado en Aguascalientes con el alto comisionado Barham Salih, Javier reflexionó sobre su proceso:
«Mi historia es muy buena, porque estoy consciente de que no es la realidad»
de lo que viven otros menores y adolescentes que viajan sin compañía.
Realidad de la niñez migrante
Actualmente, Javier cuenta con residencia permanente en México. Por su parte, Alán López, quien encabeza la unidad del Centro de Asistencia Social para Niños, Niñas y Adolescentes en contexto de movilidad en Aguascalientes, explicó que los menores que llegan a los albergues no siempre viajan solos por voluntad propia.
López detalló que muchos de estos niños son víctimas de delitos graves, como la trata de personas, o son separados de sus familias debido a situaciones de violencia o falta de cuidados adecuados.
