Cientos de personas se han concentrado en campamentos de protesta en Madrid y Barcelona para exigir soluciones ante la crisis habitacional que atraviesa España. El movimiento social surgió como respuesta al desalojo de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que fue expulsada del domicilio donde residió durante 70 años.
En la capital española, la Puerta del Sol se ha convertido en el punto de reunión de activistas desde el pasado fin de semana, mientras que en Barcelona las manifestaciones se han instalado en la Plaza de Cataluña. Los manifestantes denuncian la imposibilidad de acceder a una vivienda digna debido al incremento desmedido de las rentas y la precariedad de los contratos.
Testimonios de la precariedad habitacional
Diversas personas que participan en las acampadas comparten sus experiencias sobre cómo el costo de la vida afecta su estabilidad. Rufina Parra, una mujer ecuatoriana de 56 años, relató que tras ser desalojada por el deseo de un propietario de vender su inmueble, su familia terminó viviendo en un semisótano de 30 metros cuadrados sin luz solar, pagando 800 euros mensuales.
«NOS VIMOS ABOCADOS, YO, UNA PERSONA DE MÁS DE 50 AÑOS, Y MI MARIDO, UNA PERSONA DE MÁS DE 60 AÑOS, ANTE LA VORÁGINE»
Por su parte, Whalfryd Cruz, un camarero de 30 años originario de República Dominicana, señaló que destina la mitad de su sueldo de 1,000 euros al pago de una habitación. Cruz lamentó que, a diferencia de la generación de sus padres, la juventud actual no tiene posibilidades de alcanzar la independencia económica.
Impacto en la vida familiar y profesional
La crisis también afecta la estructura de las familias. Ana Grau, una psicóloga de 50 años, explicó que la falta de recursos la obligó a permanecer en una relación que no deseaba y, tras su separación, tuvo que mudarse a un departamento pequeño y alejado de sus hijos. Para cubrir los gastos del alquiler, que asciende a 1,000 euros, Grau recurre a rentar el salón de su casa.
«POR DETERMINADOS ESPACIOS DE TIEMPO, TENGO QUE ANDAR ALQUILANDO EL SALÓN PARA QUE DUERMA GENTE, PARA PODER PAGARME EL PISO, PORQUE NO LLEGO»
En Barcelona, jóvenes como Irene Aguilar, de 19 años, y Juan Romero, de 23, expresaron su preocupación por la dificultad de formar un hogar propio, viéndose obligados a considerar la opción de compartir vivienda con múltiples personas para poder subsistir.
Finalmente, Lois Reinoso, trabajador del sector de hostelería, criticó los niveles de precios actuales, calificándolos de «surrealistas» y señalando la falta de dignidad que implica compartir vivienda con grupos de hasta cinco personas para poder mantener la independencia básica.
