El enfoque de la administración de Donald Trump en el control de la migración irregular ha provocado que las organizaciones criminales mexicanas aprovechen la situación para mantener el flujo de estupefacientes, utilizando bodegas clandestinas en el estado de Nuevo México para el almacenamiento de sustancias ilícitas.
Fuentes de agencias antinarcóticos de Estados Unidos informaron que el endurecimiento de las políticas migratorias ha obligado a cambiar las prioridades operativas de las autoridades. Mientras los recursos militares y policiales se concentran en la frontera para frenar el paso de migrantes, el movimiento de cocaína y otras drogas continúa su marcha por la zona fronteriza.
Almacenamiento en Chaparral
En la localidad de Chaparral, ubicada cerca de la frontera con México, se han detectado múltiples bodegas sin identificación que sirven como centros de acopio para el narcotráfico. Según datos proporcionados por autoridades estadounidenses y fuentes mexicanas, estas instalaciones son empleadas por grupos delictivos mexicanos para guardar la droga antes de enviarla a diversos puntos de territorio estadounidense.
Investigaciones en la zona fronteriza
El corredor que comprende Chihuahua, El Paso y el sur de Nuevo México sigue siendo foco de investigaciones por parte de las autoridades de Estados Unidos. Recientemente, archivos judiciales detallaron un operativo conjunto entre el FBI y agencias locales para desarticular a una organización que operaba desde Chihuahua hasta el sur de Nuevo México, dedicada a la distribución de metanfetamina y pastillas de fentanilo.
Restricciones para agentes federales
Agentes de las agencias antinarcóticos señalaron que el gobierno de Trump ha limitado el contacto de los funcionarios federales con los medios de comunicación, especialmente con la prensa mexicana. Según las fuentes consultadas, los agentes temen que el hecho de hablar con periodistas pueda derivar en la pérdida de sus puestos de trabajo.
