La celebración de la Copa Mundial de Fútbol 2026 en las sedes mexicanas de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey dejó un saldo crítico de desechos debido a la carencia de estrategias preventivas por parte de las autoridades. Durante los festejos por los triunfos de la selección nacional, se generaron entre 40 y 50 toneladas de basura por noche en diversos puntos de las ciudades, evidenciando un modelo de consumo insostenible y una gestión reactiva ante eventos de masas.
En la capital del país, la Secretaría de Obras y Servicios (Sobse) reportó que la generación de residuos sólidos en 18 festivales futbolísticos y zonas como el Zócalo y Paseo de la Reforma alcanzó las 298 toneladas. La magnitud del problema se reflejó en zonas como la colonia Juárez, donde la basura en el área del Ángel de la Independencia aumentó un 9.85% durante el periodo mundialista.
Impacto en las sedes del norte y occidente
El fenómeno de acumulación de desperdicios no se limitó a la Ciudad de México. En Guadalajara, la basura aumentó un 5% en junio, alcanzando su punto máximo en el año. Por su parte, en Monterrey se registró un incremento del 13.4% en la generación de desechos entre enero y junio, mientras que en el municipio de Guadalupe la cifra subió un 9.4% en el mismo lapso.
A pesar de que la FIFA establece en su estrategia de sostenibilidad la necesidad de reducir residuos y fomentar la economía circular, las ciudades anfitrionas mostraron deficiencias en la aplicación de estas directrices. Expertos señalan que las acciones gubernamentales fueron principalmente de limpieza tras el evento y no de prevención para evitar la generación masiva de basura.
Opacidad y retos en la gestión ambiental
La investigación reveló dificultades para obtener datos precisos, ya que diversas alcaldías y dependencias capitalinas negaron la entrega de estadísticas detalladas sobre los residuos generados en el primer semestre de 2026. Esta falta de transparencia dificulta la evaluación de programas como «Basura Cero».
Ante la situación, activistas y académicos subrayaron la urgencia de mejorar la educación ambiental y la responsabilidad de los productores. Irving García, de Greenpeace México, señaló que
«El mundial repite lo que vemos día a día. Como todo evento masivo, es un riesgo que debe ser prevenido y gestionado. Vimos que hubo una generación exorbitante. Desafortunadamente se privilegian modelos lineales (de producción) y no vemos sistemas de prevención, de reuso»
. Por su parte, el investigador Gerardo Bernache destacó que, aunque se desplegaron cuadrillas de aseo, la cultura de disposición de los aficionados sigue siendo un reto pendiente.
